Medio ambiente

Cambio climático: mucho más que un aumento de la temperatura del planeta

La humanidad está destinada a sufrir más transiciones en el futuro. Estas lentas alteraciones inevitables serían perjudiciales para nuestra especie

BAE Negocios

"El día que más frío pasé en mi vida fue en Misiones, Argentina. Y no es que la temperatura fuera tan baja, deberían hacer unos 2 o 4 °C. Sin embargo, los escalofríos de esa noche vinieron porque no tenía ni una sola frazada y el cuarto del hotel parecía estar diseñado para que entren corrientes de aire. De hecho, lo estaba. La arquitectura e infraestructura de esa provincia está pensada para soportar el calor, no para soportar el frío", indica Inti Bonomo, Director de la Licenciatura en Gestión Ambiental de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

La humanidad como la conocemos ha evolucionado en un momento excepcionalmente estable del clima. Un instante que detuvo la entropía usual del universo y sus sistemas planetarios. En tiempos astronómicos o geológicos incluso, esta estabilidad es efímera; el planeta está destinado a sufrir cambios de temperatura. Pero estas alteraciones inevitables tienen características claves: serían perjudiciales para nuestra especie, pero lentas. Extremadamente lentas para los tiempos humanos. O por lo menos ese sería nuestro destino si no causáramos el cambio climático.

El 17 de febrero, Texas amaneció repleta de nieve. El desértico y caluroso estado del sur de Estados Unidos recibió una ola de frío histórica que devino en una crisis humanitaria sin precedentes. Decenas de muertos, sin electricidad ni agua producto de un cambio de temperatura inédito ¿Cómo fue que el país con la economía más grande del mundo no pudo prevenir una ola de frío?

La ola se generó por un fenómeno climático inesperado, aunque previsible. En el polo norte hay una corriente de aire que se llama vórtice polar. Actúa como una suerte de muralla de frío que contiene las masas de aire frío que podemos observar en esa zona. En los últimos años, producto del cambio climático, el ártico ha sufrido un calentamiento sin precedentes, teniendo "anomalías de temperatura" muy por encima de lo proyectado por los peores modelos climáticos.

Una anomalía de temperatura es la diferencia entre la temperatura de un día, semana, mes oaño, respecto a un promedio histórico de temperaturas para ese día-semana-mes-año. Es decir, si el promedio histórico del mes de enero para la Ciudad de Buenos Aires es de 28°C y el promedio del mes de enero de 2022 es de 30°C, la anomalía será de +2°C.

Las anomalías que se vieron en el ártico son realmente preocupantes y por supuesto van en consonancia con la disminución de la capa de hielo que está sucediendo a pasos agigantados.

Esta pérdida de hielo y frío, producida por el aumento de temperatura del cambio climático, debilita el vórtice polar, y "destruye" la muralla de frío que envuelve al polo norte, permitiendo que el frío polar alcance a lugares al sur donde nunca se habían registrados temperaturas tan frías como el estado de Texas. Es decir que un aumento de la temperatura global del planeta es capaz de producir una ola de frío que desata una crisis humanitaria sin precedentes en el país con más infraestructura del planeta. Y esto es solo la punta del iceberg de las consecuencias que puede traernos el cambio climático.

Nunca en la historia conocida habíamos superado las 300 ppm de CO2 (concentración de dióxido de carbono en la atmósfera); en estos días batimos un récord increíble, vamos por las 421.21 ppm de CO2. Esto es relativamente fácil de medir: si uno saca un tubo de hielo de un lugar dónde haya una capa de hielo de miles y miles de años como el ártico o la Antártida, obtiene un tubo de tiempo. Así, pilas y pilas de hielo acumulado que ahora forman un glaciar van a tener distinta edad; cuanto más profundo vaya, más viejo será el hielo. Entre las capas presionadas a través de los siglos, quedan burbujas de aire atrapadas, como si fuera un fósil en la tierra. Esas burbujas aún contienen las proporciones de gases de efecto invernadero que había en esa época, así que simplemente se miden y ya se sabe cuánto CO2 había en el pasado.

Si miramos los últimos años, no paramos de batir récords de altas temperatura, según la información de la NASA. Desde 2001 ocurrieron 19 de los 20 años más calientes jamás registrados. Este descalabro climático llevó a que en Texas se congelara la red de gas y se cortara el suministro eléctrico, quedando gran parte de la población sin electricidad, sin gas y sin agua en el momento más frío de la historia del Estado norteamericano. Irónicamente, la energía renovable fue la que menos sufrió desperfectos en ese estado y pudo sostener alguna demanda puntual. A este respecto, una condición técnica no menor que rodea el evento de Estados Unidos es que la red eléctrica del estado de Texas es independiente de las redes eléctricas del este y del oeste de ese país, lo cual hizo imposible que, al congelarse su estructura, pueda pedir prestada energía a otros estados que no estaban sufriendo este problema. El aislamiento para poder tener mayor "independencia" respecto de las normas impositivas les costó caro y es un camino que quita resiliencia para poder hacer frente a estos eventos extremos que se vienen.

Pero no hay que irse a Texas para ver cómo el cambio climático está haciéndose sentir. En la provincia de Mendoza, Argentina, también son cada vez más comunes los años de sequía. La disminución de nuestros glaciares andinos y las manchas de nieve que riegan los campos hacen que tengamos uno de los mejores vinos del mundo; es que el cambio climático no es una pesadilla conservacionista, es una pesadilla para el más productivista de los productivistas. Se dañarán economías enteras, se perderán trabajos y vidas. También se perderán estas cuestiones identitarias que tanto disfrutamos y se pasará a un esquema mucho más basado en la supervivencia que en el disfrute.

Pero, ¿por qué esto pasó en Texas y no en Nueva York que sufre la misma ola polar?

"La humanidad está construida sobre esa estabilidad climática que mencionaba al principio. Si tuviéramos tiempo, dinero, y recursos naturales infinitos, podríamos tranquilamente crear infraestructura para todo tipo de evento extremo, pero eso sí es una fantasía. Ni el país más rico del mundo puede prepararse para lo que se viene y un Estado que ha invertido durante décadas en prepararse para el calor puede verse envuelto en una crisis total por un viento frío", indica el especialista.

La posibilidad de adaptación del humano y de otras especies sería algo viable si el cambio sucediera en tiempos geológicos. Miles y miles de años para calentar apenas un grado la atmósfera sería algo tolerable para nuestra especie (y para las demás). Pero el cambio climático antrópico está ocurriendo en tiempos de décadas. Para 2100 se proyecta, al ritmo actual, un calentamiento de al menos +5°C en la temperatura media global, cuando el actual es de algo más de +1°C. La ola de frío de Texas es el trailer de una película de ciencia ficción de Hollywood, que sería muy impresionante de ver en un cine, pero algo que definitivamente no queremos para nosotros ni nuestros hijos.

 

¿Qué hacemos?  

La transición ecológica no debería discutirse ya a esta altura. Sin embargo, en la mayoría de los países aún no hay planes concretos de cómo realizarla. Más aún, en un país como Argentina, la enorme cantidad de inversión que implicaría incorporar un alto porcentaje de energía eólica y solar, bien gestionado, podría redundar en miles y miles de puestos de trabajo y ayudar a la reactivación económica. La pequeña escala que requieren estas energías además es compatible con el desarrollo de empresas nacionales que lideren esta apuesta, fomentando así la industria nacional.

"También deberíamos estar haciendo todo lo posible para aumentar las esponjas naturales que tenemos en el país: bosques y humedales a nivel regional y plazas y parques a nivel de municipios y ciudades. Estas esponjas actúan tanto regulando la temperatura localmente como haciendo de buffer frente a lluvias extremas que también están aumentando producto del cambio climático", explica Bonomo.

Las soluciones las conocemos, necesitamos ejecutarlas con determinación. Hasta entonces, seguiremos despertando con frío en noches que deberían haber sido cálidas.

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