China o el dolor de cabeza para el negocio del espectáculo "exportable" en EE.UU.
Tensión entre el gobierno asiático y los productores americanos de contenidos
Uno de los mayores problemas que tiene hoy el negocio del entretenimiento en los Estados Unidos es China. No porque compita con ellos o les quite mercados sino por todo lo contrario: es el mercado que más les interesa y el que les ofrece mayores posibilidades. De hecho, las recaudaciones cinematográficas en China pueden "salvar" una producción grande estadounidense, incluso si el cupo de estrenos internacionales es muy reducido y la posibilidad de girar el dinero al exterior es exigua. Lo mismo pasa con la televisión: hay contratos de transmisión de contenidos estadounidenses en China de cifras siderales. El problema consiste en que esos contenidos no deben ofender, de ningún modo, al gobierno de ese país. Y en ese punto es donde, en las últimas semanas, se desató un problema. La NBA tiene un contrato con el gigante de Internet chino Tencent por u$ 1.500 millones, que implica patrocinio de la liga durante cinco años, y se cerró en julio. Además, la empresa televisiva -obviamente con participación estatal- CCTV tiene los derechos exclusivos en el país asiático para transmitir la temporada regular de la NBA. Pero la semana pasada, el manager de los Houston Rockets, Daryl Morel, lanzó un tuit donde apoyaba las manifestaciones contra el gobierno chino en Hong Kong, y eso desató un problema gigantesco.
La NBA tiene negocios multimillonarios en China, lo que implica un compromiso real
Primero, fue obligado a borrar el tuit. Luego, la NBA pidió disculpas. Los chinos, a su vez, cancelaron la transmisión de dos partidos de pretemporada y se mostraron consternados. El arco político se movió en una y otra dirección (Hillary Clinton a favor de la libertad de expresión, otro demócrata, Beto ORourke, diciendo que el tuit era una metida de pata), pero lo que primaron fueron las disculpas de los ejecutivos estadounidenses. Lo importante, en última instancia, fue salvar el negocio. La respuesta a eso: un episodio de South Park donde se satiriza la situación. Entre otras cosas, uno de los personajes, para lograr un trato con China, decapita a Winnie Pooh (personaje censurado en ese país porque se lo asocia satíricamente con el presidente chino Xi Jingping). Hay golpes también para Disney, la NBA y el comportamiento de los estudios (en la fantasía de la serie, censores chinos participan en la escritura de guiones en los EE.UU. para que puedan ser admitidos en el otro país).
Todo el espectro político estadounidense reaccionó ante la controversia con China
El problema parece un chiste, pero no lo es. Los grandes conglomerados de medios y entretenimientos en los EE.UU. necesitan cada vez más cantidad de público para poder sostener sus operaciones, y eso se agrava con la concentración feroz que vive el sector en estos días. China, incluso en medio de una guerra comercial y retórica con los Estados Unidos, es un socio imprescindible para recortar gastos y pérdidas. De hecho, cualquier mercado lo es, más allá del local. La exageración humorística de South Park se basa en hechos comprobables y en que, hoy, incluso cuando parece que los gigantes son cada vez más grandes, el riesgo se ha vuelto aún mayor que las empresas. Es probable que se vuelva, como en los años treinta, a una forma de autocensura que limite el alcance de los contenidos. Más allá, además, de lo que piensen los chinos.