Ciegos, sordos y mudos en la era Milei
"¿Y si Milei vino a resolver la grieta poniendo a toda la clase política (lo que él llama casta) contra él? Porque la verdad es que, a esta altura, no se quién es más oposición, si los radicales, los del PRO, los lilitos, los pichettistas, los troskos o los kirchneristas. Para mí son todos parecidos". Esta reflexión salió de la boca de uno de los operadores de bonos que mejor reputación tiene en la city porteña. Dicen en las mesas que "siempre la ve". El "Corto", apodo que se ganó en los mercados no por su estatura sino por ganar mucho dinero con la venta en corto de acciones y bonos, se ríe cuando escucha esas lisonjas y repite una frase que, según afirma, es de George Soros: "No importa si tienés razón. Lo que importa es cuánto ganás cuando tenés razón y cuánto perdés cuando estás equivocado".
La hipótesis que sostiene el Corto es simple: en el mercado ven que hay luz final del túnel, pero los industriales y el agro no la ven porque solo pueden pensar en los dólares para hacer negocios y con el modelo que propone Milei (vía canasta de monedas o neoconvertibilidad) comprar dólares baratos y venderlos caros ya no va a rendir como en la última década.
"Es verdad que el Banco Central la tiene complicada, pero la realidad es que los pasivos monetarios en pesos subieron un 35,5% en setenta días, los pasivos en dólares un 10,9% y las reservas un 28%. ¿Y si el BCRA en realidad aún tiene reservas negativas y está emitiendo deuda en dólares con los Bopreales por USD7.000 millones?
El mercado sabe que las reservas están dibujadas por la falta del pago a los importadores. Así que los importadores que cambiaron pesos por bonos Bopreal ya los vendieron. Y si salen a buscar dólares es probable que los encuentren porque el campo va a vender lo que tiene: se pagan USD420 por tonelada de soja, USD160 por la de maíz y USD210 por la de trigo, muy lejos de los USD600 que se pagaban por la "soja peronista" y de los USD200 que se pagaban por el "maíz kirchnerista" durante la "década ganada" en Chicago. Lo que pasa es que los industriales con los subsidios y los del campo con los precios de los granos hacían negocios con el dólar, Y eso, por ahora, se acabó", analizó el Corto.
2. SordosUn diputado patagónico que se parece a un actor ex rugbier está enojado. "No escuchan", repite a quien quiera oírlo. "Los quisimos ayudar siempre, estuvimos semanas leyendo el bodoque jurídico que mandaron a la Cámara para discutir la ley ómnibus, pero cuando les hacías alguna crítica te insultaban en el recinto, por los medios, por las redes sociales y por donde pudiesen. Yo estaba en el recinto cuando dijeron que la ley volvía a comisión y varios de mis compañeros saltaban de las bancas para que no lo hicieran. No saben y no quieren aprender". Según afirmó el diputado, la pelea con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, le da la razón.
Pero la falta de empatía con quienes se presentan como aliados legislativos del bloque de diputados de La Libertad Avanza, según afirman quienes recorren las galerías de Diputados y el Salón de Pasos Perdidos, formó una extraña relación entre libertarios y kirchneristas, de un trato mucho más cordial que entre los hombres y mujeres de LLA y los de la Coalición Cívica o de la UCR, con quiénes casi no se hablan, o con los diputados del PRO y los de Hacemos, con los que debaten a la luz del día por WhatsApp o en los despachos.
Desde el peronismo, incluso, algunos afirman en estricto off que Cristina Fernández de Kirchner piensa que gran parte del diagnóstico que hace Milei de la clase política (quienes hablan a favor de la educación publica o de la salud pública y tienen las prepagas más caras y mandan a sus hijos a colegios y universidades privadas) son ciertas, pero que la solución que propone el Presidente es errada.
3. MudosEl ajuste fiscal impulsado en enero por el ministro de Economía, Luis Caputo, fue el más profundo y asfixiante de los últimos treinta años. De acuerdo con los datos del IARAF, aquellos que más sufrieron la poda de sus ingresos fueron las jubilados y los y pensionados, que aportaron el 33% del esfuerzo fiscal. Luego, los subsidios para la energía, que perdieron el 14%; la inversión real directa, que cayó 12%; las transferencias a provincias, que se contrajeron un 12%, y los salarios públicos, que se derrumbaron un 11%.
La quita tuvo un efecto estentóreo en los trabajadores sindicalizados y estatales: el Gobierno sufrió su primer paro general impulsado por la CGT el 24 de enero. Además, los gremios comenzaron a quejarse fuerte y claro a partir de ese día. El recorte en las transferencias también hizo ruido: casi todas las provincias del país (con excepción de Tucumán) accionaron formalmente contra el Gobierno en la Justicia o informalmente en la arena política. Las pymes y los jubilados (menos alborotadores) patalean, aunque con menos bullicio.
Y es que de los 13 millones de trabajadores activos actualmente en Argentina, cerca de 6 millones están en negro. Y desde 2021, cuando empezó a salirse de la pandemia, siete de cada diez empleos que se crean son informales.
"Hace cinco años que trabajo y nunca lo hice en blanco. Cuando me hablan de derechos laborales me río. A mí no me toca ninguno: aguinaldo, vacaciones, paritarias... ninguno. Por eso, cuando hacen paro los que están en blanco, trabajo igual. Si no pedaleo no como. Así que cuando todos estos salen a gritar, yo me quedo mudo y laburo", explicó Maxi, que tiene 21 años y es uno de los miles de pibes que votaron a Milei y que trabajan para una plataforma.
En la Argentina de 2024 hay un ruido blanco de los trabajadores con derechos que pelean por ellos y un silencio negro de aquellos que no tienen casi ninguno y luchan por sobrevivir. Las estadísticas sostienen que los asalariados registrados representan el 50% de la masa laboral y los informales se ubican por arriba del 45%. Pero estos datos se desvanecen en la calle, así como también los números de los encuestadores que afirman que, a pesar del ajuste más brutal de los últimos treinta años en Argentina, más del 40% de los trabajadores apoya al Gobierno gubernamental y tiene la esperanza de un futuro mejor. Un 40% que pedalea la vida como puede y que, por ahora, se mantiene mudo.