Ciencia ficción hiperrealista para entender el Cosmos en HBO Max
Más allá de las fantasías épicas o terroríficas, la ciencia ficción ha sido, en el cine o en la literatura, un campo de especulación sobre las posibilidades de lo humano. Aquí va un conjunto de obras que van en ese sentido: fieles a la ciencia y, al mismo tiempo, creaciones artísticas. Todas, en HBO Max.
Muchas veces hemos hablado del cine de ciencia ficción como forma de proyectar los miedos y las fantasías de la sociedad global en un momento dado. Por lo general, las películas del género son parte del fantástico y exigen aceptar premisas que van en contra de las leyes de la física. De hecho, la mayoría son cuentos de hadas disfrazados con tecnologías y teorías abstrusas para el común de los mortales. Star Wars no es más que una versión de Flash Gordon, que a su vez era una versión de Robin Hood donde la "ciencia y la tecnología" sólo eran parte del decorado. Pero sí hay una ciencia ficción mucho más realista, mucho más cercana a la especulación sobre posibilidades ciertas, y aquí vamos a mencionar a algunas de esas producciones (todas en HBO Max) que en realidad son todas descendientes de la misma película.
Que es, ni más ni menos -lo habrán adivinado- 2001: una Odisea espacial, de Stanley Kubrick. Por muchas razones es una película pionera, en especial porque toca dos temas (la exploración del espacio y la inteligencia artificial) que son recurrentes en el último medio siglo. Realizada en 1969, pionera en el uso de computadoras para generar imágenes (no en el trip final del protagonista, realizado con trucos "prácticos" como gotas de pintura en remolinos realizados en un balde con agua y etcéteras) y en el de maquetas combinadas con cámaras, implicaba la historia de cómo el ser humano se descubría como fuerza cósmica (bueno, es una interpretación posible). Pero respetaba todas y cada una de las reglas de la física -comenzando por el hecho de que no hay sonido en el espacio, por ejemplo- y trataba de sacar partido de lo que se sabía entonces del Universo y nuestra tecnología (allí asesoraban Carl Sagan y el guionista Arthur Clarke). De todos modos, Stanley, en 2001 no viajamos a la Luna con frecuencia, ni a Júpiter. De hecho, hoy nuestra mayor modernidad es la pizza por delivery. Igualmente, visionaria.
Cuando a mediados de los setenta apareció una ola imparable de ovnis en todas partes, Steven Spielberg creó Encuentros cercanos del tercer tipo, que aún siendo mucho más fantástica -la "conexión telepática" de los que saludaron e.t's entre sí, por ejemplo- es realista en todo su desarrollo de thriller paranoico en el que un técnico, una mujer cuyo niño fue raptado por las criaturas y un grupo de científicos contactan a los viajeros estelares. Las naves y los efectos fueron diseñados por el mismo artista que en 2001, Douglas Trumbull, y todo se desarrolla siguiendo las reglas más realistas posibles, incluso la comunicación "musical" con los visitantes. Sí, es cierto, tiene algo de cuento de hadas (la banda de sonido incluye acordes de "La estrella azul", la canción emblema de Pinocho y de todo Disney) pero es rigurosa en lo científico.
Más acá en el tiempo, el que hizo una especie de 2001 (mucho más que "una especie") fue Christopher Nolan, que es un fanático del efecto práctico en lugar del digital y de la mirada realista con Interestelar. Es curioso, pero al principio la película iba a ser dirigida por Steve Spielberg con guión de Jonathan Nolan (el hermano de Christopher) pero por cuestiones de agenda eso cambió. El filme es -como casi todos los de Nolan, en realidad- sobre la percepción subjetiva del tiempo. Mientras la Tierra agoniza, se buscan alternativas en otros mundos gracias a agujeros negros, una relación padre-hija y la búsqueda del amor, todo sin apelar más que a especulación científica real: de hecho, las secuencias de huracanes del principio pertenecen a un verdadero documental. Para muchos -no para este cronista, por cierto- una obra maestra.
Más o menos por el mismo camino de verosimilitud va la más creativa del lote, La llegada, de otro hijo de Kubrick, Dennis Villeneuve (el realizador de la nueva versión de Duna, también bastante "realista" aunque sea una fantasía absoluta). Aquí se trata del contacto con seres extraterrestres a través justamente de un sistema de comunicación. Que la heroína -Amy Adams- sea una lingüista es un hallazgo, que en realidad el filme también reflexione sobre elecciones humanas y paso del tiempo, también. Es probable que sea lo mejor que hizo Villeneuve (como los anteriores -con la excepción de Spielberg- muy proclive a la solemnidad) justamente porque aborda lo fantástico desde las herramientas de la ciencia, lo que le provee de una fuerza mayor tanto al conflicto con lo extraño como al personal que surge de la relación entre Adams y el personaje de Jeremy Renner, que implica -claro- el amor, pero también la maternidad y la enfermedad.
Y por último, la obra maestra absoluta de Alfonso Cuarón Gravedad, donde en tiempo real se cuenta cómo una astronauta casi sin experiencia queda varada en pleno espacio y hace lo imposible para volver a la Tierra. Película extraordinaria en su rigor científico y físico (cómo funciona la gravedad es clave), con una gran actuación de Sandra Bullock sosteniendo solita una gran película épica, y con momentos de aventura que renuevan el género plano a plano. Sí, claro que mucho tiene que ver con aquello que inventó Kubrick pero, por suerte, es también otra cosa.