Comienza el Festival Internacional de Cine de Rotterdam con presencia argentina

Tiene un programa anual de primera línea que apoya activamente a los nuevos talentos cinematográficos a través de su mercado de coproducción CineMart, su Fondo Hubert Bals, Rotterdam Lab y otras actividades de la industria.

Fernando E. Juan Lima

La 54ª edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) se pone en marcha yhasta el el momento solo la publicidad en la vía pública da cuenta de este enorme evento que finalizará el 9 de febrero.

El cada vez más eficiente y certero trabajo permite que en unas pocas horas se ponga en marcha toda la maquinaria del festival, que transforma la imagen y la dinámica de una ciudad que atraviesa un invierno particularmente cruento. 

El festival formalmente empieza esta noche, con la proyección de la película local Fabula (de Michiel ten Horn, quien regresa a Rotterdam doce años después de que The deflowering of Eva van End, su ópera prima, tuviera su premier) y con la gala de apertura. 

Ese músculo y la precisión seguramente tienen que ver con el hecho de que el IFFR no es solo un festival de cine internacional sino también un programa anual de primera línea que apoya activamente a los nuevos talentos cinematográficos a través de su mercado de coproducción CineMart, su Fondo Hubert Bals, Rotterdam Lab y otras actividades de la industria.

 

Las calls de Rotterdam, salpicadas por el anticipo del Festival
El cine argentino en Rotterdam 

De hecho, allá por el nacimiento del último de los "nuevos cines argentinos" del que tenemos memoria (década del 90) la aparición y la difusión de figuras como las de Agresti o Rejtman mucho tuvieron que ver con el apoyo de estas instituciones.

Fue aquí donde Albertina Carri presentó hace veinticinco años su primera película (No quiero volver a casa) y ahora regresa con la premier mundial de ¡Caigan las rosas blancas! y dar una charla maestra.

El "descubrimiento" de esa enorme artista y el lugar que el festival le otorga, tras dos décadas y media, dan cuenta de lo que es la misión declarada del IFFR: ampliar, enriquecer y cuestionar la visión que las personas tienen del mundo y de los demás a través del cine y de las artes audiovisuales.

Tanto la independencia y la diversidad como la formación de audiencias y la creación de oportunidades para cineastas y artistas independientes de todo el mundo son tareas que el IFFR sostiene durante todo el año, más allá de los cambios de dirección o de equipos.

Cada cual tendrá sus preferencias o críticas en relación con los distintos momentos que ha atravesado el festival, pero es innegable que su esencia ha sabido mantenerse y respetarse. El IFFR es, siempre, un refugio para la pluralidad de voces, para los formatos audiovisuales y para narraciones diversas.

Ninguno de los festivales "grandes" le da tanta importancia y visibilidad a los cortos y a lo mediometrajes, así como también a las instalaciones y a las iniciativas que escapan a la norma. A través de proyecciones, charlas, exposiciones, iniciativas profesionales y programas de financiación, el festival continúa apostando, contra viento y marea, por la libertad y la diversidad, sin cortapisas.

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