¿Cuál es el electrodoméstico que más energía consume en invierno?

Su uso intensivo puede disparar el valor de la factura de luz. Claves para reducir su consumo sin pasar frío

BAE Negocios

Con la llegada del invierno y la ola polar que atraviesa el país, muchas familias buscan formas de mantenerse abrigadas en casa. Sin embargo, esto suele venir acompañado de un fuerte impacto en las facturas de electricidad. A contramano de lo que muchos piensan, ni el televisor ni el aire acondicionado son los aparatos que más consumen en esta época: el verdadero protagonista del gasto energético es la estufa.

¿Por qué la estufa consume tanta energía?

Las estufas eléctricas, en especial las de resistencia, requieren grandes cantidades de energía para funcionar. Su mecanismo de calentamiento rápido las hace eficaces, pero también muy costosas en términos de consumo. Además, a diferencia de otros electrodomésticos que operan de forma intermitente, las estufas suelen estar encendidas durante horas, muchas veces en varios ambientes al mismo tiempo. Este uso prolongado y simultáneo dispara el consumo eléctrico.

En contextos de frío extremo, como el actual, la necesidad de mantener una temperatura agradable en todo el hogar lleva a encender varias unidades a la vez, lo que multiplica el gasto. El resultado se ve reflejado a fin de mes, con facturas de luz que pueden duplicar o triplicar su valor habitual.

Cómo reducir el consumo de energía sin apagar la estufa

Aunque la calefacción es indispensable en invierno, existen estrategias para usarla de manera más eficiente y evitar sobresaltos en el bolsillo. Estas son algunas de las más efectivas:

Aislar el hogar: Colocar burletes en puertas y ventanas ayuda a evitar fugas de calor y bloquea el ingreso de aire frío. Una vivienda bien aislada necesita menos calefacción. Usar termostatos programables: Estos dispositivos permiten regular la temperatura y evitar el uso innecesario. Algunos modelos pueden apagarse automáticamente cuando se alcanza una temperatura determinada. Elegir estufas de bajo consumo: Las estufas con tecnología inverter o los emisores térmicos son opciones más eficientes. Aunque su costo inicial puede ser más alto, el ahorro en consumo compensa a largo plazo. Apagar cuando no se usa: Aprovechar la luz solar durante el día, mantener cerradas las habitaciones que no se usan y apagar las estufas en ambientes vacíos ayuda a reducir el uso sin resignar confort. Incorporar elementos aislantes en el hogar: Colocar alfombras, cortinas térmicas y textiles gruesos permite conservar el calor en los espacios y disminuir la dependencia de los calefactores eléctricos. Reorganizar los espacios: Ubicar los muebles de forma que no bloqueen las fuentes de calor, como ventanas soleadas o estufas, mejora la circulación del aire caliente y reduce la necesidad de más aparatos.

Con una combinación de eficiencia y planificación, es posible mantener el hogar cálido sin que eso se traduzca en un golpe al bolsillo. En un contexto de tarifas en alza y mayor consumo energético, adoptar hábitos responsables puede marcar una diferencia clave en la economía del hogar.

 

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