GENÓMICA EVOLUTIVA

El fin de la calvicie está en genes silenciados

En un reciente estudio se examinó cómo evolucionó la falta de pelo en distintas especies. Los autores descubrieron que los genes del vello corporal permanecen en nuestro código genético

BAE Negocios

La pérdida del cabello o calvicie es algo que alcanza a casi todos los hombres y algunas mujeres. Con el avance de la ciencia moderna, surgieron diversos tratamientos para controlar y restaurar la pérdida de pelo. Sin embargo, un nuevo estudio revela posibles métodos para allanar el camino para el tratamiento de esta y otras afecciones genéticas, como el cáncer.

En el estudio publicado en la revista eLife, se examinó cómo evolucionó la falta de pelo en distintas especies y distintos momentos, comparando los patrones genéticos del ser humano con los de otros mamíferos, como manatíes, elefantes y armadillos. Es así que a partir del trabajo, se identificaron nuevos genes relacionados con el vello corporal, un descubrimiento que podría utilizarse para darle fin a la calvicie.

En el estudio se compararon genéticos del ser humano con los de otros mamíferos, como elefantes

Dicha comparación no solo podría solventar el problema de la pérdida de pelo, sino también brindar herramientas necesarias para que científicos puedan investigar en profundidad otras cuestiones para la salud humana. ¿Qué genes se desarrollaron para proteger del cáncer a las ratas topo desnudas y pueden manipularse en humanos para tratar o prevenir la enfermedad? ¿Qué cambios genéticos han permitido a las ballenas de Groenlandia vivir hasta 200 años?.

Consultado por la relevancia del estudio, Peter Sudmant, profesor adjunto del departamento de biología integrativa de la Universidad de California en Berkeley, afirmó a The Washington Post que "se trata de una aplicación muy poderosa".

El método de investigación fue posible gracias a que la tecnología de secuenciación avanza rápidamente, permitiendo a los científicos leer largas secuencias de ADN con mayor rapidez y precisión.

Los genes silenciados

Los autores del estudio, Nathan Clark, de la Universidad de Utah, Amanda Kowalczyk, de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, y Maria Chikina, de la Universidad de Pittsburgh, indicaron que es probable que cientos de genes estuvieran implicados en la pérdida de la mayor parte del vello corporal. Sin embargo, los autores descubrieron que los genes del vello corporal permanecen en nuestro código genético, pero están silenciados.

"La pérdida inicial de pelo en muchas especies fue probablemente muy adaptativa", afirmó Clark. "Si lo pensamos, es evidente que un delfín nadando en el agua, o una ballena o un manatí, se ralentizarían mucho. Necesitan ser aerodinámicos. Ya no necesitan esa cubierta de pelo", explicó.

Por qué la pérdida de vello corporal resultó ventajosa para los humanos

La pérdida de vello corporal mejoró en los seres humanos la capacidad de cazar en climas cálidos. Menos pelo, unido al desarrollo de un sistema que permitía al cuerpo enfriarse mediante la transpiración, pueden haber sido cambios clave que permitieron a los humanos convertirse en mejores cazadores.

Si bien el registro fósil no es suficiente para determinar cuándo sucedió la pérdida de vello en los antiguos seres humanos, Clark aseguró que "es probable que ocurriera cuando abandonábamos las copas sombreadas de los árboles y nos dirigíamos supuestamente a pie por zonas abiertas, por lo que la disipación del calor probablemente se convirtió en algo muy importante para nosotros".

La comparación de genes

El autor reconoció que dicha teoría es una mera suposición propia, pero aclaró que el estudio revelaría la perspectiva que se obtiene de una visión multiespecífica de la evolución. A pesar de tener apariencias y comportamientos muy diferentes, los humanos comparten gran parte de su ADN con otros mamíferos: el 99% con los chimpancés, el 85% con los ratones y el 80% con las vacas.

Clark y sus colegas compararon más de 19.000 genes y casi 350.000 regiones reguladoras y se centraron en los relacionados con el mantenimiento o la pérdida del vello corporal. Los investigadores examinaron animales que habían perdido todo su vello corporal junto con otros que habían conservado todo su pelaje.

Los ratones son uno de los mamíferos todavía tienen genes activos para el pelaje

Un dato clave es que descartaron las regiones genéticas que codifican dos variables de confusión: vivir en el agua y el gran tamaño corporal. Un número desproporcionado de mamíferos de pelo fino son grandes, y los que viven en tierra en climas cálidos tendrían dificultades para disipar el calor.

"Si observas a los elefantes africanos y los elefantes indios, son relativamente lampiños, pero tienen parientes muy cercanos que vivieron cientos de miles de años y eran completamente lanosos", dijo Clark. "Tienes esta dicotomía donde [los mamuts lanudos] se fueron al norte y conservaron todo su cabello grueso, y [los elefantes] están al sur y lo perdieron todo. Tienen una cubierta de pelo muy escasa".

El factor clave que determinaba cuánto tiempo tomaba la transición era si la falta de pelo proporcionaba al animal una ventaja específica. Si lo hizo, la presión selectiva favoreció a los animales que tenían los genes para el vello corporal reducidos o desactivados.

Por ejemplo, se cree que un clima más cálido que redujo la vegetación de la tundra contribuyó a la extinción de los mamuts lanudos hace unos 10.000 años.

"Si los más lanudos, que no transpiraban bien, se extinguían porque se sobrecalentaban al intentar cazar alguna fuente de alimento, entonces sí que sería una gran desventaja", afirmó Clark.

Si hubiera una clara ventaja, la pérdida de vello corporal podría haberse producido a lo largo de cientos de generaciones, tardando miles de años. "Si no hubiera ninguna ventaja, pero el vello corporal dejara de ser importante, probablemente habría tardado miles de generaciones o más", destacó el autor.

La técnica empleada en el trabajo también arroja luz sobre las áreas menos comprendidas de nuestra huella genética. Aunque unos 20.000 genes contienen las instrucciones para fabricar proteínas, sólo representan el 2% del genoma. Otras áreas funcionan como el regulador de intensidad de una luz, afectando al grado de activación o desactivación de genes o grupos de genes. Aumentar la potencia de un gen casi siempre hace que se produzca más cantidad de una proteína específica.

"No se trabajó tanto en estas regiones", afirmó Mark Springer, profesor emérito de evolución, ecología y biología de organismos de la Universidad de California en Riverside. Este trabajo "señala realmente el camino a seguir en futuras investigaciones. Hay mucho más que aprender".

Estudios previos

En 2017, Clark y algunos de sus colegas utilizaron una técnica similar para comparar la evolución genómica de animales que viven sobre la tierra con mamíferos ciegos que viven bajo tierra. Encontraron muchos genes relacionados con la visión y la piel que cambiaban a un ritmo más rápido en los animales que vivían bajo tierra. También identificaron genes y regiones reguladoras que podrían utilizarse como posibles dianas para el tratamiento de enfermedades oculares congénitas.

"Creo que estamos en los albores de una era muy importante de la genética médica y la genómica evolutiva comparativa", afirmó Sudmant. "Estamos analizando 75 millones de años de evolución. El hecho de poder observar las vías moleculares que influyen en un rasgo como el vello corporal es alucinante", concluyó.

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