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Exportaciones de empresas lideradas por mujeres

Cecilia Todesca Bocco

Las desigualdades se suman, se potencian, generan un círculo vicioso asociado al lugar donde se nace, al género, a las posibilidades de estudiar, al color de la piel, al idioma, entre muchas otras características. Desandar estas desigualdades (o acortar las brechas entre las personas) no solo implica una reparación ética, constituye de hecho una gran oportunidad económica para toda la sociedad.

En el caso particular de las mujeres existen realidades que atentan contra la capacidad de generar ingresos (y sostenerlos en el tiempo) y esa falta relativa de “autonomía económica” de hecho constituye un laberinto del cual es difícil salir. Estas realidades que aquejan particularmente a las mujeres, pero también a las diversidades, pueden resumirse con dos o tres expresiones que circulan no hace mucho entre nosotros/as: el peso de “las tareas de cuidado” (es decir, quién asume las tareas básicas pero múltiples imprescindibles para que un hogar funcione), el “techo de cristal”, entendido como un límite invisible pero contundente que impide que las mujeres desarrollen sus carreras profesionales como lo hacen los hombres y, por último, el “piso pegajoso” que refiere a las dificultades para asumir más responsabilidades.

Sin embargo, esta aproximación pone toda la carga en la oferta, es decir, en las condiciones que afrontan las mujeres para incorporarse al mercado de trabajo. Una parte importante del problema también está en la demanda de trabajo, es decir, en la estructura productiva que genera (o no) la cantidad de trabajos necesarios para una inserción estable en el tiempo, con derechos laborales y con buenos salarios que, a su vez, son las condiciones que ayudan a salir de esa trampa de cuidados, techos invisibles y pisos pegajosos.

La pandemia de COVID-19 reforzó las desigualdades económicas hacia adentro de las sociedades (y entre ellas), tanto en la Argentina como en toda Latinoamérica. Las mujeres y las y los jóvenes fueron los grupos más afectados (las mujeres perdieron casi el doble de puestos de trabajo que los hombres en el peor momento de la crisis).

Si bien la recuperación comenzó por los sectores más masculinizados, a partir de mediados de 2021 la participación de las mujeres en el empleo se recuperó vigorosamente. ONU Mujeres y PNUD señalaron que, en el contexto de COVID-19 la Argentina fue el país que implementó la mayor cantidad de medidas con perspectiva de género. Los resultados son elocuentes, hoy la tasa de empleo de las mujeres en la Argentina es récord, no veíamos una tasa así desde el 2003. Entre 2020 y 2021 también se logró una notoria reducción en la tasa de desempleo de las mujeres (de 11,9% a 7,7%). La mejora fue más pronunciada en el caso de las mujeres jóvenes.

A estos avances les sigue faltando, sin embargo, un reparto más equitativo de las tareas de cuidado. Recientemente el INDEC publicó los resultados definitivos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo referida a datos del 2021. Allí se observa con claridad la distribución desigual de las tareas entre los géneros. Esto se debe a la gran desigualdad en la carga de tareas domésticas y de cuidados que tienen las mujeres. El proyecto de ley “Cuidar en Igualdad” presentado hace unos meses pretende contribuir a mejorar esta brecha.

En el ámbito del comercio internacional también se evidencia la desigual participación de las mujeres. Estudios de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y la CEPAL han puesto de manifiesto esta realidad. Desde la Cancillería impulsamos la inclusión de capítulos específicos de género en los acuerdos comerciales y la organización de diversas convocatorias a empresarias para participar en reuniones, seminarios y actividades comerciales en el exterior. Esto lo hacemos codo a codo con funcionarias y funcionarios provinciales que tienen el conocimiento específico del territorio.

En estos programas y cada una de las actividades y herramientas que diseñamos intentamos generar un espacio especial para interactuar con estas mujeres que tienen a su cargo la dirección de una empresa. Los resultados suelen ser muy buenos, aunque se trata de un camino largo donde hace falta mucha dedicación y tolerancia al fracaso para poder avanzar, colocar un producto argentino en otros mercados y sostenerlo. Pero los ejemplos de éxito son muchos y son muy interesantes: resinas para instrumentos musicales, servicios de laboratorio para la industria del petróleo, hierbas autóctonas para la industria farmacéutica y cosmética, muebles con diseños especiales y a medida, deliciosos alfajores.

La lista es larga, el esfuerzo es mucho y los resultados son espectaculares. Cuenten con toda la Cancillería Argentina y toda la red de Embajadas para seguir trabajando en conjunto

 

* Secretaria de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería Argentina

 

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