CRISIS GLOBAL

Gremios de todo el mundo advierten por la difícil salida de la crisis

Si sólo se aplican las recetas de la ortodoxia económica, los trabajadores y sus hogares pasarán penurias por mucho tiempo, advierte la Central Sindical Internacional

BAE Negocios

El sistema económico mundial se enfrenta a un tsunami de crisis entrecruzadas –social, económica, medioambiental y sanitaria– que está repercutiendo en los trabajadores y sus familias, independientemente del país en el que viven y del nivel de desarrollo que tenga su economía nacional, y cuya recuperación se anticipa mucho más difícil que las de crisis anteriores.

El sombrío pronóstico está plasmado en el Resumen Económico del 5to Congreso Mundial de la Central Sindical Internacional (CSI), que se realiza en la ciudad australiana de Melbourne. La CSI congrega a más de 250 confederaciones gremiales de todo el planeta, entre ellas la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), las centrales obreras que representan mayoritariamente a los trabajadores argentinos.

El documento, elaborado por expertos internacionales del organismo, resalta que el mundo asiste a una espiral descendente de crecimiento económico, que va de la mano de una escalada de los precios de bienes y servicios que son la base del costo de la vida básico de la gente trabajadora;  a ello se suman limitaciones en la capacidad productiva; una distribución regresiva de ingresos; crecimiento de la deuda de estados, empresas y hogares; y la ausencia de una conducta empresarial responsable que se traduce (una vez más ante coyunturas críticas) en que numerosas compañías se apresuren a despedir personal, recortar salarios e intenten seguir "igual que siempre", dando prioridad a su propio acceso a créditos para maximizar sus propios beneficios.

Y es que, señalan los especialistas de la CSI, muchos líderes políticos e instituciones internacionales han vuelto a recurrir a respuestas macroeconómicas ortodoxas, que en el pasado ya demostraron que en lugar de contribuir a solucionar los problemas, sólo llevaron a un aumento del nivel de desigualdades globales, además de socavar aún más la calidad de vida y las oportunidades de empleo para los trabajadores y trabajadoras en el mundo entero.

Se duplica la inflación

El primer signo de todo esto fue un enorme incremento de los precios, que provocaría la duplicación de las tasas de inflación, hacia el último trimestre de 2021, lo que inició una "bola de nieve" que impactó en las perspectivas de crecimiento económico posterior.

Los trastornos y los incrementos de precios de importantes materias primas, especialmente en alimentación y energía, que se agravaron luego del inicio de la guerra en Ucrania a principios de este año se sumaron a las consecuencias de la pandemia de COVID-19, poniendo de relieve problemas de aprovisionamiento en las cadenas mundiales de suministro, que habían venido amplificándose a lo largo de la última década.

Tras varios meses de agravamiento de la crisis, los trabajadores y sus familias descubrieron que la narrativa optimista de crecimiento global que se impuso desde los centros mundiales de poder tras la crisis financiera de las "hipotecas subprime" en 2008, no fue sino una ilusión, dice la CSI.

Las consecuencias de los aumentos en el precio de los productos más esenciales en la canasta de bienes y servicios para los trabajadores y sus hogares –alimentación y energía– coincide con la alta concentración y el poder de mercado de gigantes comerciales que mostraron el comportamiento más monopolista, tanto a nivel internacional como local en numerosos países.

Las viejas recetas para salir de la crisis

Pero lo más preocupante para las perspectivas de futuro es la aparición de las "viejas recetas" de la ortodoxia económica para aplacar cualquier crisis. Desde que se triplicó la inflación, especialmente en los países desarrollados, se han empezado a adoptar medidas unilaterales y no coordinadas, basadas en la ortodoxia económica. "Reducir la demanda", equivalente a "enfriar la economía" se volvió una obsesión de la mayoría de los bancos centrales y de las instituciones financiera internacionales. Y dado que el consumo está fuertemente ligado a los salarios y los sectores de la sociedad con ingresos inferiores, todas las medidas que apuntan a ese objetivo pueden ser calificadas de "fundamentalmente anti-obreras", dicen los técnicos de la CSI.

La primera herramienta "clásica" y contundente para conseguirlo, al ser fácil de implementar, es el aumento de los tipos de interés, ya que pueden subirse de la noche a la mañana con efecto inmediato en la economía.  Esta medida induce ahorros (de quienes cuenten con excedentes de ingresos) y por tanto deriva en una reducción del consumo. Entre mayo y junio de este año, 164 países (con las solitarias excepciones de Suiza, Bulgaria y Dinamarca) subieron sus tipos de interés. En algunos casos, se trató de la mayor suba registrada en más de 40 años. Pero esto también termina impactando en los niveles de deuda soberana, corporativa y de los hogares.

El segundo grupo de medidas (también aplicadas a cualquier crisis y recomendadas por organismos del tipo Fondo Monetario Internacional y  Banco Mundial) incluye las que apuntan a fuertes reducciones del gasto público, especialmente en lo relativo a subsidios directos a los hogares, bienes y servicios públicos y protección social.

La UNCTAD advirtió que se registrarían "movimientos desordenados de los mercados financieros mundiales" como resultado del alza de las tasas de interés en EE.UU., debido al efecto conocido como "fly to quality", el movimiento de los flujos de inversión de los países de mayor riesgo a las economías centrales. El impacto de esta "fuga de capitales" se reflejó en la devaluación de las monedas, incluido el Euro, y el surgimiento de un "súper dólar". Esta simple acción derivó en presiones inflacionarias adicionales a nivel global, que repercutieron principalmente en los países en desarrollo, especialmente aquellos muy endeudados.

Trabajadores más pobres

Crisis económicas previas tuvieron consecuencias distintas para la gente trabajadora, en las diferentes regiones e industrias de los países del mundo. Pero los expertos sindicales destacan que esta vez todo es diferente. Una de las características principales de la actual crisis es su impacto directo y empobrecedor sobre los trabajadores y trabajadoras, tanto de economías desarrolladas como emergentes, y que se extiende a todos los sectores, industrias y contratos, independientemente de factores demográficos o del nivel de desarrollo económico. Debido a esto, se requieren medidas coordinadas específicas, para reducir el impacto negativo sobre la gente trabajadora y sobre las comunidades en general.

En el marco de una elevada deuda, las medidas de austeridad ocasionarán implosiones económicas en todo el mundo. Con toda probabilidad se producirá una dramática recesión mundial, estanflación y desesperación económica.

Advierten los gremios de todo el mundo que si no se actúa para revertir la disminución de la participación de los trabajadores en la renta mundial, aumentando el poder adquisitivo de los salarios y consiguiendo un compromiso renovado para invertir en la protección social, y se sigue con las recetas de la ortodoxia económica "igual que siempre", además de no lograr el desarrollo sostenible previsto en la Agenda 2030, tampoco será posible crear una economía global que beneficie a todos.

Nuevo contrato social

Sin medidas coordinadas específicas, que reduzcan el impacto negativo sobre la gente trabajadora y sobre las comunidades, unos 250 millones de personas más pasarán hambre para finales de 2022, advierte en su informe la Central Sindical Internacional (CSI).

Según advierten los expertos sindicales, el llamado "contrato social" nunca llegó a garantizarse en los países en desarrollo, y en las economías desarrolladas ha venido deteriorándose desde hace décadas. Mientras que los beneficios y la productividad han aumentado considerablemente desde el inicio de la hiper-globalización, la participación del salario en la renta ha venido en un constante descenso. Y es que la riqueza generada por la consiguiente explosión de cadenas mundiales de suministro derivó en una "explotación deshumanizante de trabajadores y trabajadoras a quienes se deniegan sus derechos fundamentales y un trabajo decente", señala la CSI.

El resultado de la globalización y la mayor productividad en lugar de más beneficios para empresas y trabajadores, es un mercado del trabajo fracturado, donde el 60% de la mano de obra está atrapada en diversas modalidades de trabajo informal y más de un tercio de estos trabajadores experimentan una vida laboral precaria o insegura.

A estos factores se suma el fracaso de las políticas y los programas impuestos a las economías por las Instituciones Financieras Internacionales (IFI). De esto deriva también la gravedad de la actual sumatoria de crisis, ya que la vulnerabilidad de muchas economías nunca había sido tan seria. Por lo cual se necesitan nuevos modelos económicos, un "nuevo contrato social" resalta la CSI, basado en el pleno empleo, el trabajo decente y una prosperidad compartida.

 

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