Mujeres de gestión

"La pandemia achicó las distancias ideológicas"

La ministra de Comunicación Pública bonaerense, Jesica Rey, admite que hubo desacuerdos con la gestión porteña por "la apertura comercial" y "los controles en el transporte". Sobre la desaparición de Facundo Astudillo Castro asegura que en el Gobierno provincial "no hay lugar para nadie" que haya hecho algo "por fuera de la ley".  

gvulcano

Su despacho está pegado a la del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, con quien hace minutos terminó una reunión. La ministra de Comunicación Pública bonaerense, Jesica Rey, se convirtió en una persona clave para la gestión provincial apenas comenzó la pandemia del Covid-19. “Siempre buscamos ser ultra realistas y esa línea la mantenemos hasta hoy”, dice, durante una entrevista con BAE Negocios, en la que además destaca que si bien hubo “puntos conflictivos” entre el gobierno de la provincia y de la Ciudad “eso no impidió mantener la coordinación”.      

 

-El actual contexto sanitario modificó casi todos los órdenes de la vida, ¿también el modo de comunicar?

-Cambió el contenido y el modo de comunicar. Al inicio de la pandemia, la comunicación requería un alto nivel de concientización. Hubo que hacer una comunicación que se pareciera mucho a la docencia, mucho más pedagógica que la que se suele hacer en una situación normal. Todos teníamos que aprender para poder explicar, por eso se recurrió tanto a expertos y especialistas como ejes de la comunicación. Había que trabajar distintos aspectos sin que eso generara desinformación o sobreinformación que terminara siendo dañina.

 

-¿Cree que consiguieron transmitir que era necesario cumplir con ciertas medidas de aislamiento sin generar temor?

-Muchas veces recibimos críticas hacia nuestros especialistas por catastrofistas o tremendistas, pero lo cierto es que siempre apuntamos a que la comunicación sea lo más realista posible. Apuntamos a que no haya tabúes en este tema. Cuando decíamos que cada día se ocupaban más camas es porque era así. Ahora pareciera que estamos en una estabilidad y lo decimos. ¿Implica relajarse? No.

 

-El ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, dijo varias veces que el sistema de salud de la provincia estaba al borde del colapso, ¿sirve ese tipo de discursos?

-Hay un grupo grande en el que sirvió porque tomó conciencia de lo que implicaba que se volviera inmanejable la cantidad de camas ocupadas. Y hay un grupo social, que tiene mucha presencia mediática y en redes sociales, en el que no. Gran parte de las y los bonaerenses comprendieron que el sistema de salud tenía una situación muy crítica y que se hizo un gran esfuerzo. La realidad era que el sistema había entrado en una curva en alza peligrosa, que con mucha insistencia se está pudiendo amesetar.

 

-¿En qué medida la estrategia comunicacional que se llevó adelante ayudó a lograr ese amesetamiento?

-Es el resultado de una estrategia general, en la cual la comunicación es parte. Visibilizar el trabajo enorme de los médicos y el esfuerzo del Estado para mejorar y ampliar el sistema, ayudó mucho. La clave para alcanzar ese amesetamiento fue principalmente el trabajo en el área de salud.

 

-¿Cuál cree que es la idea que mejor pudieron comunicar sobre la pandemia?

-El esfuerzo compartido, que era necesario y daba resultados. El Estado no podría haber hecho nada sin la colaboración y el esfuerzo de la sociedad.

 

-En las conferencias conjuntas con el presidente Alberto Fernández y el mandatario porteño, Horacio Rodríguez Larreta; el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, siempre plantea un panorama más crudo, ¿eso responde a la premisa de "ser realistas" o a una necesidad de diferenciarse de la gestión porteña?

-No, no tiene que ver con diferenciarse. Siempre buscamos ser ultra realistas y esa línea la mantenemos hasta hoy. Lo cierto es que si la actual cantidad de enfermos hoy nos agarraba con las 880 camas que teníamos en marzo ya estaría el sistema colapsado.

 

-Kicillof suele repetir que en marzo había 880 camas de terapia intensiva y que se logró más que duplicar ese número, ¿eso es un elogio a las medidas adoptadas por el Gobierno o una crítica a María Eugenia Vidal?

-Las críticas a Vidal se hicieron el año pasado en la campaña, pero para que Vidal no se sienta ofendida no se va a dejar de decir que la provincia tenía 882 camas. No es ni un autoelogio ni una crítica, es la realidad.

 

-Sobre la relación entre Rodríguez Larreta y Kicillof se ha dicho mucho en este tiempo, ¿cómo definiría ese vínculo?

-Son dos dirigentes que tienen visiones bien distintas de la política pero la pandemia achicó las distancias ideológicas y ambos entendieron que ante semejante situación de crisis no había otro camino posible que trabajar de manera coordinada, más allá de cuánto abría uno y cuánto el otro. Si colapsaba un lado, colapsaba el otro. Obviamente, que aparecen las diferencias y situaciones distintas, pero eso no impidió mantener la coordinación, aún con los puntos conflictivos que hubo en el medio. Incluso, hoy tienen un nivel de cordialidad y un trato más ameno de lo que era en marzo.

 

-¿Cuáles son esos puntos conflictivos?

-Hubo algunos con los controles de transporte, los trenes, los accesos. También hubo que trabajar mucho con el tema de la apertura comercial en la Ciudad. Eso implicaba que mucha gente de la provincia tenía que viajar a la Ciudad en transporte público. Hubo que buscarle la vuelta para manejar esas situaciones porque era entendible la necesidad económica de la Ciudad de la reapertura comercial pero también era conflictivo poner a viajar a tanta gente en el transporte público.

 

-¿Hasta qué punto es posible dejar de lado las diferencias políticas en el manejo de la pandemia con posturas ideológicas tan contrapuestas?

-Creo que sentir en carne propia la responsabilidad de que se te podían morir un número altísimo de personas si no se actuaba como correspondía hizo dejar de lado todo. Por eso, nuestro enojo con los dirigentes que no tienen la responsabilidad de gobernar y que se ponen a opinar sin tener en cuenta la dimensión de la gravedad. Pandemia mata ideología.

 

-Según Amnistía Internacional, se registraron 30 casos de violencia institucional en el país durante la pandemia. Si bien Kicillof repudió varias veces hechos de estas características, su ministro de Seguridad, Sergio Berni, se muestra con armas y utiliza un lenguaje bélico, ¿cómo cree que eso es leído dentro de las fuerzas de seguridad?

-El mensaje de Axel, que es la base sobre la que se asienta la relación de él con su ministro de Seguridad, es que a nosotros nos rige la ley y entonces todo lo que suceda tiene que estar en el marco de la ley. No hay espacio para nadie, en ningún ministerio, pero menos en el ministerio de Seguridad, ni para ninguna situación, ni accidental ni casuística ni de desborde emocional, que esté por fuera de la ley. Y el mensaje que Axel repite ante la desaparición de Facundo (Astudillo Castro) es que no va a tener el más mínimo empacho en sacar a quién tenga que sacar y tomar todas las medidas que haya que tomar con cualquiera que haya tenido algún tipo de participación en ese hecho, aunque haya hecho algo por miedo. No va a haber contemplación con nada.

 

-¿Eso incluye a Berni?

-Por supuesto.

 

-Kicillof se puso a disposición de Cristina Castro, madre de Facundo, pero en simultáneo Berni desmintió algunos dichos de ella, ¿no le parece que es un mensaje contradictorio o al menos poco claro el que se da desde la gobernación sobre este tema?

-No. Sergio no necesita que lo defienda, pero lo que él dice es que los que están falseando a la verdad son los abogados, no la madre. Y de la madre podemos entender el dolor y la desesperación, pero los abogados han sido un poco violentos en sus dichos. Axel le dijo a Cristina que él está a su disposición y que iba a tomar todas las medidas que ella le pidiera

 

-Cristina Castro pidió la renuncia de Berni…

-No se puede echar a un ministro o exonerar a un policía por las sospechas. Necesitamos pruebas y por ahora en la causa no hay pruebas en ese sentido.

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