CINE

La paradoja del Festival de Cannes: las mejores películas están fuera de la Competencia Oficial

Interesante selección en Quinzaine des Réalisateurs y Cannes Premiere

Fernando E. Juan Lima

Desde Cannes

Especial para BAE Negocios 

 

Al llegar a la mitad de la 75ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes puede decirse que, excepción hecha de Crimes of the future, de David Cronenberg, lo mejor de la programación no se ha encontrado (hasta ahora) en la Competencia Oficial. ¿Cuál es el criterio en virtud del cual una película se programa en una otra sección, incluso dentro de la selección oficial? Resulta difícil de desentrañar el porqué de estas decisiones que redundan en producciones en las que la "crítica" a una situación determinada esconde cierto cinismo, cuando no algo de demagógica explotación.

Lo más bello que he visto aquí es Chronique dune liaison passagère, de Emmanuel Mouret, cuya anterior Las cosas que decimos, las cosas que hacemos hace poco se estrenó en nuestro país y fue injustamente ignorada. En este caso, el uso de las elipsis es más logrado y certero que en la precedente, el guión es un mecanismo de relojería y las actuaciones son perfectas. ¡Y se trata de una historia de amor! Una comedia romántica, podría decirse.

La ubicación en el marco de la menos expuesta y visible Cannes Premiere seguramente tenga que ver con que una comedia amorosa, cariñosa con sus personajes y que redunde humanismo para algunos puede no resultar digna de competir por la Palma de Oro. Para ello parecería que hace falta hablar de "temas importantes". Ahí sí se admite, incluso, la comedia, como en el caso de la negrísima Triangle of sadness, de Ruben Ostlund. Pero claro, en ella, el director sueco reafirma que, para él, el egoísmo y el desprecio al prójimo son lo que mueve a la humanidad.

 

Comedias en Cannes 

Lo que sucede con las comedias (cuando son amables y no cínicas o misantrópicas) acaece con el cine de género, de acción o terror en particular. Es cierto que en ese caso tiene un lugar asegurado como parte de la selección, pero fuera de competencia, en las funciones de medianoche. 

Seguramente ese es el criterio en virtud del cual la potente Hunt, dirigida por Lee Jujae (el debut en ese rol del conocido actor de la exitosa El juego del calamar). Sin embargo, su adrenalínica deriva en la que cruza la historia política coreana con el clásico tópico del infiltrado en una organización oficial podría haber formado parte de la competencia de manera mucho más justificada que alguno de los casos a los que ya hicimos referencia.

Otra obra mayor de la sección Cannes Premiere ha sido Esterno notte, del genial Marco Bellocchio, que nos viene sorprendiendo ininterrumpidamente desde I pugni in tasca. En este caso sí se entiende que no se haya programado en la Competencia Oficial, ya que se trata de una miniserie. Así y todo, con sus casi 6 horas (que aquí se proyectaron con un breve intervalo) en algunos países (Italia, por ejemplo) podrá verse en salas de cine en dos partes, tal como sucediera con La mejor juventud, de Marco Tullio Giordana (que supo tener su premier también en Cannes y pasó por los cines de Argentina).

En esta miniserie Bellocchio vuelve a visitar el secuestro y muerte de Aldo Moro, lo que sin dudas para él constituye el evento más relevante de la política italiana contemporánea, la explicación, la raíz y el emergente de una crisis sistémica y de base. Si en Buongiorno notte (2004) se acercaba a este evento desde el encierro del político, ahora sale a la calle, cambia la mirada. Así, adoptando distintos puntos de vista en cada uno de sus seis capítulos y con un gran elenco, el realizador utiliza material de archivo y reconstruye no pocos eventos multitudinarios. No teme, además, dejar en claro su postura y lo que piensa de figuras políticas tan conocidas y poderosas como nefastas.

  Mucho para ver

La sección paralela Quinzaine des Réalisateurs viene mostrando también una muy interesante selección. Ya desde la propia apertura, Lenvol, de Pietro Marcello, puso la vara muy alta. El director de Martin Eden siempre acude a material de archivo, que tanto formal como sustancialmente aporta a la construcción de muy personales universos. Esto aplica también para esta película de época en la que juega como nunca con lo fantástico.

En esta sección también destaca Un beau matin, de Mia Hansen-Love. La realizadora que supo sorprender con El padre de mis hijos y Eden parece volver decididamente a lo mejor que habíamos visto en sus inicios y que parecía irse desvaneciendo. En esta historia de amor, en principio "prohibido" , Hansen-Love se toma el tiempo necesario para construir la deriva narrativa en base a pequeños detalles, a sutiles variaciones. Léa Seydoux, está claro además, se luce en todos los registros.

Una característica de la Quinzaine des Réalisateurs es que, como corresponde, no hace distinción entre los diferentes géneros cinematográficos ni acude a la vetusta calificación de "ficción" o "documental", por ejemplo. En el terreno de lo inclasificable, brilla Enys men, de Mark Jenkin (que en 2019 había sorprendido con Bait). Algo que podría identificarse como "terror folclórico", psicodelia, muchas referencias literarias y cinéfilas (hay resonancias de Guy Maddin, Peter Strickland y los hermanos Quay), colores plenos y un hermoso grano en la imagen. Una experiencia que demuestra que el miedo responde a razones tanto insondables como inexplicables.

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