La prueba de la golosina, como regla de oro en la inversión

Que nos enseña la psicología aplicada en materia de inversiones y gestión empresarial. Un ejemplo real de psicología del inversor con el dólar financiero.

Matías Battista

Permítame el lector hacer una introducción sobre el gran descubrimiento del psicólogo Walter Mischel, de la Universidad de Standford, en los años 60. Se lo conoce como “El test de la Golosina” y sus conclusiones han tenido una gran aplicación en el mundo de las finanzas y las ciencias empresariales.

El experimento es sencillo: Un adulto ingresa en una habitación con niño/as de 4 a 6 años distribuidos en diferentes mesas y coloca en cada una de ellas una golosina. Luego le dice al niño/a que se tiene que ir 20 minutos pero que, si aguanta sin comer la golosina, le recompensará con otra más (premio doble por la espera) y si la tentación lo/a vence, puede tocar la campana y se llevará solo una golosina, ninguna más. Cumplida la premisa temporal el adulto ingresa y observa los resultados, si el niño/a soportó la tensión y ansiedad de comer ese dulce para recibir la recompensa de uno más, estamos ante una gran capacidad de autocontrol y, caso contrario, tenemos un problema. Por si fuera poco, Mischel hizo el seguimiento de sus participantes durante más de cuarenta años. Comparó los resultados del experimento con aspectos de la vida de estas personas y observó claras diferencias académicas entre los niño/as que vencieron la tentación de la golosina, cuyas notas fueron mayores, y los que sucumbieron a ella, con peores notas. Entonces, dentro de las conclusiones valiosas de este experimento se sabe que desde la niñez comienzan a definirse esas estructuras en nuestra mente que definen la fuerza de voluntad y conducta.

La disciplina, el autocontrol y la capacidad de posponer el beneficio inmediato para obtener una recompensa futura, es clave para muchas aristas de nuestra vida. Casi 60 años después, las conclusiones del Test de la Golosina se plasmaron en un libro y se siguen aplicando y estudiando como un ejemplo de disciplina personal en el mundo de las finanzas y de la gestión empresarial.

¿Que tiene que ver el test de la golosina con nuestras inversiones?

El ejemplo es muy didáctico y nos permite entender también como funciona cerebro del inversor, a la hora de tomar decisiones. La arista emocional es determinante para invertir nuestros ahorros y sostener una adecuada planificación de trabajo, nos otorgará, esa recompensa adicional en el largo plazo. La ansiedad es amiga del despilfarro y las decisiones apresuradas, en cambio la templanza tiene un estrecho vínculo con el progreso económico.

¿Caen las acciones en bolsa? Y… cual es el problema?

Todos los activos flotan en el mercado porque las cotizaciones de los bienes se mueven día tras día. La única diferencia es que el precio de algunos activos cotizan en pantallas y el de otros no, y eso suele jugar muy en contra de nuestra perspectiva. Un auto que sale de la concesionaria cotiza al otro día -20% y nadie se espanta por ello, una propiedad hoy vale mucho menos en dólares que hace 5 años. Pero estos bienes no cotizan día tras día en una cuenta comitente, por ello las inversiones financieras exigen una disciplina y autocontrol muy diferente.

Nuestro comportamiento como inversores es muy similar al del niño que encierran en una habitación, sentado frente a una mesa y con una golosina a la espera de la recompensa. La falta de disciplina y seguridad en las decisiones que uno va tomando hacen que cuando una acción baja de precio, sentimos la tentación de venderla con el fin de “no perder más dinero” (que dicho sea de paso, no hemos perdido aún dado que para que ello ocurra hay que consolidar esa circunstancia con una venta). No reparamos si se trata de un factor temporal o circunstancial, o si realmente los fundamentales del activo han cambiado a punto tal que me obligan a realizar un ajuste en mi estrategia. A su vez, cuando un activo sube parece que tenemos la necesidad de salir rápidamente  por temor a que su precio corrija, sin observar que muchas veces sólo nos llevamos una sola golosina de las dos posibles que el mero transcurso del tiempo puede regalarnos. Si nuestra conducta y planificación no son correctas, solemos consolidar pérdidas y acortar ganancias. Peor aún, muchas veces podemos estar en otras veredas corriendo detrás de activos por el sólo hecho de que ha dado grandes resultados, sin chequear ni un minuto si existen argumentos económicos para comprarlo.  

Ahora sí, permítame el lector contar una pequeña anécdota en la cual veremos reflejado el test de la golosina.

En febrero de 2019 un amigo me llama diciendo que había cobrado un monto importante en dólares por la venta de un vehículo (tomando el dólar a $42) y que llevaba 3 meses viendo como perdía dinero (el dólar estaba tocando los $36.90), me consulta si es momento de vender. Por supuesto que con múltiples argumentos le dije que no debía tomar esa decisión, que se quede tranquilo porque la recompensa de la golosina estaba mucho más cerca de los 20´ del test de Mischel. Por supuesto que mi amigo fue a un bar y allí, en el marco de una charla de café encontró a personas que sin “relojear” un solo indicador del termómetro de la economía, acompañaron su teoría de la venta apresurada de los dólares.

 

Dólar CCL gráfico por TradingView

 

¿Por qué le pasó esto a mi amigo?. Porque los inversores , en cierto modo, seguimos comportándonos como niños. Por esta razón, el autocontrol y la disciplina son fundamentales a la hora de invertir en bolsa. La inversión tiene un componente psicológico muy importante y saber controlar nuestros impulsos puede marcar la diferencia entre una ganancia y una pérdida. Nadie cosecha lo que no siembra ni tampoco se recogen los frutos de manera anticipada. La planificación y la disciplina necesaria para cumplir con ella, constituyen la carta de navegación para surcar los enrarecidos mares de las inversiones.   

* Análsis de Clave Bursátil

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