Lanzan nuevos acuerdos de precios en supermercados, mientras los alimentos se disparan
Sergio Massa acordó hoy con representantes de los supermercados un tope del 5% mensual por 90 días. Habrá beneficios impositivos para las empresas
Luego de la calma de los meses anteriores, la suba en los alimentos volvió a pisar el acelerador en agosto. Presentó una inflación mensual del 8,8% promedio en las últimas cuatro semanas y de 10,7% punta a punta en el mismo período, según un estudio. Estos incrementos estuvieron presionados por la devaluación del 22% que se trasladó rápidamente a los precios. A fin de contener la disparada inflacionaria, el ministro de Economía, Sergio Massa, acordó un tope de aumento del 5% para los productos de consumo masivo en supermercados y que tendrá una duración de 90 días.
"El objetivo de este entendimiento es evitar que la variación en el tipo de cambio oficial, que responde a una condición del FMI, se traslade a los precios de los productos de consumo masivo impactando negativamente en el bolsillo de todos los argentinos", explicó el ministro de Economía reunido con los representantes de cadenas de supermercados y mayoristas.
Tras los resultados de las PASO, el Gobierno decidió devaluar un 22% el peso y llevar el dólar oficial a $350. Por su rápido pasaje a precios, los analistas estimaron que el IPC de agosto y septiembre pude terminar en los dos dígitos. Con el fin de contener esta situación, el equipo económico anunció el relanzamiento del programa Precios Justos con una pauta del 5% de aumento mensual durante los próximos 90 días.
La otra parte del acuerdo con las empresas son beneficios fiscales y créditos a tasa subsidiada para las pymes proveedoras de supermercados. Massa aclaró que "el impacto y el esfuerzo será compartido" entre los ciudadanos, "las empresas que pierden rentabilidad y el Estado que resigna recaudación", con el fin de garantizar ese tope de aumentos.
Por otra parte, los precios de los alimentos no se quedaron quietos. Mientras que la carne había empezado a aumentar desde el fines de julio debido al impacto del dólar agro en el precio del maíz, el índice de alimentos y bebidas presentó una inflación del 8,8% promedio en las últimas cuatro semanas y de 10,7% punta a punta en el mismo lapso, según el relevamiento que llevó a cabo LCG.
La consultora estimó que en lo que va de agosto el rubro acumuló un 7,5% de inflación, bastante superior al 5,8% de julio que difundió el Indec el martes pasado. En el informe detallaron que el aumento promedio semanal fue de 4,1%, una aceleración de 1,9 puntos respecto de semana anterior. "Panificados fue la categoría que más aportó a la inflación mensual con un agregado de tres puntos y junto a Carnes explican el 56% de la suba promedio", desglosó LCG.
Hasta la irrupción del dólar agro y el impuesto a las importaciones, las subas en alimentos había encontrado un sendero de desaceleración. Después del aumento del 10,1% en abril, habían caído a 5,8% en mayo y a 4,1% en junio. Sin embargo, en términos interanuales, alcanzaron el 116,3% durante julio, un porcentaje mayor a la inflación general que fue de 113%.
Este dato va de la mano con el avance de las canastas que miden la pobreza y la indigencia. Con números previos a la devaluación, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) tuvo una suba de 125,7% anual en julio, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) trepó a 123% en el mismo mes, por lo que el incremento de precios es mayor para los deciles de menores ingresos.
En esa línea, el investigador de la UNLP Leopoldo Tornarolli destacó que durante "diez meses consecutivos la variación interanual de las canastas estuvo por encima del IPC general" y remarcó que, por ende, si los gremios negocian "mantener salario respecto de inflación se pierden 10 puntos contra las canastas en un año".
"Con la aceleración de la inflación que se viene, todo parece indicar que 2023 cierra con niveles de pobreza similares a los que teníamos en 2006 y 1999. Estará entre 42% y 43% en un escenario optimista", estimó.