Una silla vacía en X: la empresa de Elon Musk busca una voz para calmar la tormenta

Tras una cadena de renuncias y choques públicos con la prensa, X intenta rearmar su imagen con un nuevo líder en comunicaciones. El puesto sigue vacante

BAE Negocios

La empresa de Elon Musk necesita a alguien que hable por ella. Después de un año de conflictos con anunciantes, ataques personales contra periodistas y una gestión marcada por el caos interno, la plataforma X —antes conocida como Twitter— se lanzó a la búsqueda de un nuevo jefe de comunicaciones.

La compañía busca a un ejecutivo capaz de mejorar su vínculo con la prensa y “ayudar a definir la imagen pública de la empresa”, revelaron fuentes citadas por Business Insider. La vacante quedó abierta tras la salida de Dave Heinzinger, quien permaneció apenas tres meses en el cargo de jefe de estrategia mediática. Antes y después de él, la puerta giratoria no se detuvo.

Joe Benarroch, hombre de confianza de la CEO Linda Yaccarino, se fue en junio tras un año en funciones. Luego se marchó Nick Pickles, vicepresidente de asuntos globales. Heinzinger asumió en diciembre, pero en marzo volvió a su anterior cargo en Haymaker Group. Actualmente, John Stoll —ex editor del Wall Street Journal— absorbe provisoriamente parte de esas tareas.

Mientras tanto, Musk profundizó los conflictos. En 2023, lanzó un mensaje contundente a los anunciantes que retiraron su pauta tras su desembarco: “Váyanse a la mierda”. Además, X inició una demanda contra once empresas, a las que acusa de conspirar para boicotear la plataforma en violación de leyes antimonopólicas. La causa sigue su curso.

El enfrentamiento con los medios también escaló. Musk atacó a periodistas con nombre y apellido, flexibilizó las reglas de moderación y verificación de cuentas, y reactivó perfiles de figuras suspendidas. En paralelo, convirtió a X en un canal habitual para difundir consignas del movimiento MAGA y respaldar al presidente Donald Trump.

En marzo, el propio Musk anunció que su compañía xAI adquirió X a través de un acuerdo accionarial, unificando formalmente dos de sus apuestas más ambiciosas: inteligencia artificial y control de la conversación pública.

En el mundo de las relaciones públicas, la movida no pasó inadvertida. “Sin dudas, sería el desafío de una vida”, dijo una fuente. No por el salario, sino por lo que implica hablar —y resistir— en nombre de Elon Musk

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