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Grandes películas surgidas en el Festival de Venecia para ver en Mubi

Históricamente la primera gran muestra cinematográfica del mundo, Venecia ha sido también el lugar donde el cine se convirtió definitivamente en un arte. Mubi presenta un foco con películas de toda época y procedencia que pasaron por el Festival. Para descubrir y disfrutar.

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A fines de este mes comenzará el Festival Internacional de cine de Venecia, la muestra de cine más antigua del planeta y el modelo de todas las que fueron después. Es cierto que nació como un hecho de propaganda del fascismo en 1932 -aunque, todo hay que decirlo, bajo la iniciativa privada de Giuseppe Volpi-, lo que provocó en los cuarenta un "contrafestival" que, con el tiempo, se convirtió en Cannes -y la puja entre ambos es histórica. Pero aquel origen oscuro es sólo una anécdota histórica: al realizarse en el marco de la Bienale , fue también el primer evento que consideró el cine como un arte autónomo. Y aunque su historia es fluctuante (en los setenta casi no se realizó) también se volvió un lugar de encuentro ecuménico donde surgieron enormes valores del cine, sobre todo contemporáneo. Mubi, en consonancia con el acontecimiento, propone varios de los filmes importantes que formaron parte de su selección con el correr de los años; una gran ventana al cine del mundo.

Comencemos con un crédito nacional, Pablo Trapero. Quizás su película más "rara", menos recordada pero no por eso de menor calidad sea Familia Rodante, una comedia de costumbres sobre un grupo de personas (claro que una familia) que viaja a una fiesta en una provincia en una especie de casa rodante. Lo que Trapero logra es combinar varios de los tópicos del grotesco sin hacer grotesco, enredos entre personajes, amores y tensiones con una especie de amor incondicional, una ternura que nunca se muestra de modo subrayado. Es una road movie y el camino hacia una forma de la felicidad, contada con tiempos diferentes de la comicidad tradicional aunque para nada alejada de ella. Una película que requiere revisión.

De todas las películas de David Lynch, probablemente la más extraña en todo sentido sea Inland Empire. Más allá de su duración de más de tres horas, es un compendio de las obsesiones y del estilo del autor de Corazón Salvaje y Twin Peaks. Esto es: genera desconciertos al por mayor y sigue una lógica totalmente onírica que bien puede ser de sueños o de pesadillas. El hilo principal parece constituirse por las obsesiones de una actriz ante el rodaje de una película (en ese sentido, funciona como "continuación" de El camino de los sueños), pero es un principio de explicación tan válido como cualquier otro. En el medio, aparecen momentos de comedia musical, de horror, desdoblamiento de identidades yuna especie de sitcom interpretada por gente con cabeza de conejo (entre esas personas está Naomi Watts, que aparece en los créditos pero a quien nunca vemos sin su máscara). Surrealismo al mayor nivel, está además sostenida por la enorme performance de Laura Dern, actriz fetiche del realizador.

De la obra de la francesa Claire Denis cabe decir que, cuando se acerca a los géneros, lo hace con una absoluta impronta personal, a su propia manera pero sin traicionarlos. Lo ha hecho con historias policiales, melodramas románticos y hasta de vampiros. Y en Bella Tarea lo hace con un género muy "francés" por el ambiente: los cuentos de la Legión Extranjera. En esta película, que narra la vida en un cuartel y el enfrentamiento entre un jefe y un nuevo recluta, no sólo es una historia de aventuras y un retrato de personajes, sino que además sorprende a cada paso con cambios de tono e invenciones que nunca, por muy raras que parezcan, nunca aparecen como incoherentes. Hay un gusto por hacer cine y narrarlo que no es frecuente en la realización contemporánea, tan apegada al qué dirán y a la corrección política.

Un nuevo mundo es otra colaboración entre el realizador franés Stéphane Brizé y el actor Vincent Lindon, otra disección del mundo del capitalismo actual y sus consecuencias, en este caso desde el punto de vista de un ejecutivo cuya fidelidad al trabajo lo ha colocado fuera de la vida personal, y que, enfrentado a una tarea que impacta en su moral, toma una decisión crucial. Construida a modo de un policial, con elementos del melodrama, Brizé vuelve a utilizar las herramientas del cine más clásico para analizar los pliegues de la realidad y de las instituciones, sobre todo de sus taras y de su cara menos humana. Hay un trabajo perfecto de tonos glaucos y fríos en la puesta en escena que generan un gran contraste con el drama del protagonsita, un Lindon (siempre) perfecto.

La primera versión de Nace una estrella se presentó en una de las primeras ediciones de Venecia. Repetimos: la primera, antes de Judy Garland, Barbra Streisand y Lady Gaga, la que William Wellman realizó en 1937, con aquella extrarodinaria actriz que fue Janet Gaynor (sí, hoy nadie recuerda a Janet Gaynor, pasa con mucha genialidad del arte, desgraciadamente). No sólo es un melodrama que disecciona el universo del cine y de sus negocios de un modo perfecto, no sólo es un melodrama romántico donde el éxito y el fracaso profesionales hace mella en las relaciones personales, no sólo es el paradigma de un mito -el de la estrella, su ascenso y caída- propios del siglo XX, sino que es además un ejemplo perfecto del uso del color. Aquel Technicolor de los primeros años luce de un modo increíble en la pantalla, que semeja a un lienzo. Obra maestra tanto narrativa como visual.

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