FINTECH

Finanzas tecnológicas, abiertas y embebidas y el rol del Estado argentino

Cweitz

Especial para BAE Negocios

La sociedad digital ya ha llegado a nuestras vidas. En el rubro tecnológico, Argentina tiene una materia prima humana con valor agregado de primer nivel para salir a la cancha dignamente y disputar cualquier Mundial.

Ese conocimiento colectivo adquirido por los distintos segmentos de la sociedad argentina desde el último siglo y medio es hijo indiscutible de la educación pública.

Tan cierto ha sido el rol del Estado en la conformación de esa inteligencia en el pasado como la necesidad presente de reformularlo con una mirada estratégica que incorpore estas nuevas tecnologías en todos los estamentos de la sociedad.

Las posturas extremas

Sin embargo, tal como lo ha hecho desde su nacimiento como nación, Argentina continúa derrochando energía en debates inconducentes, con posiciones extremas respecto de cuál es el rol del Estado y de la sociedad civil en esta nueva realidad.

Por un lado, los que miran la tecnología con desconfianza y creen que el Estado debe prohibir cualquier innovación porque destruirá empleos creando un mundo distópico, sin darse cuenta de que la sociedad digital ya se ha instalado entre nosotros y que debemos aprovecharla en beneficio de la mayoría de la población, conduciendo procesos en los que determinados tipos de trabajos dejarán inevitablemente de existir siendo reemplazados por otros, tal como ha sucedido en los últimos siglos de innovación.

Y en el otro rincón están los que abominan abierta, o disimuladamente, del rol del Estado y no se dan cuenta de que su ausencia absoluta es la vuelta a una sociedad desigual de tipo medieval dominada por señores feudales, que en lugar de cabalgar en lustrosos corceles concentrarán su poder montados en sofisticadas plataformas tecnológicas.

El rol del Estado en el desarrollo innovador

En el medio de estos maximalismos que no representan a la mayoría de la sociedad estamos los que creemos en un Estado presente con funcionarios capaces, fijando prioridades bajo la tutela de sistemas democráticos, cobrando impuestos (con perdón de la palabra) progresivos para cumplir sus objetivos y colaborando y promoviendo la innovación y el uso de la tecnología para mejorarle la vida a la gente.

Las sociedades modernas necesitan, indispensablemente, la participación del Estado para poder potenciar su desarrollo innovador. El Estado argentino y el sector tecnológico deben ser capaces de dialogar y articular políticas tal como hacen algunos de los países más desarrollados y con mejores ingresos.

Las principales empresas tecnológicas del planeta han crecido globalmente apañadas, en mayor o menor medida, por sus Estados. Si bien es desproporcionada la inferioridad de condiciones en la que se encuentra Argentina respecto de las grandes potencias, como Estados Unidos y China y sus gigantes tecnológicos (Apple, Amazon, Ali Bababa Tencent, por mencionar solo algunos), la cantidad de iniciativas, de plataformas y de productos basados en la tecnología que genera nuestro país es enorme.

Las fintech en Argentina

Sin mencionar a los famosos unicornios (empresas que han alcanzado un valor de mercado superior a los USD1.000 millones), como Mercado Libre o Globant, existe una diversidad de emprendimientos de todos los tamaños liderados por argentinos que ganan mercados tanto en la región como en el mundo.

Más específicamente, y en lo que hace al desarrollo de las finanzas tecnológicas, Argentina cuenta con un ecosistema diverso y creativo que ha desarrollado distintas ramas de negocios (verticales), entre los cuales se destacan la de pagos digitales, la de tecnología, los servicios entre empresas y el universo cripto.

Es tan cierto que las fintech han crecido al amparo de una carga regulatoria más baja que la experimentada por el sistema bancario tradicional como que posibilitaron la inclusión financiera de millones de argentinos que han podido, por ejemplo, realizar transferencias inmediatas desde sus celulares en distintas regiones del país, así como también rentabilizar más fácilmente sus saldos en un contexto altamente inflacionario.

Para ejemplificar la actuación de otros Estados, tanto México como Chile ya cuentan con leyes específicas dedicadas al sector fintech, mientras que en Argentina ni siquiera está planteado abordar esa problemática en forma integral.

Nuevas tendencias, finanzas abiertas

Asimismo, el fenómeno de las finanzas tecnológicas trajo aparejado a nivel global nuevas tendencias que empoderan a los consumidores y les brindan una mayor oferta de servicios.

En primer lugar, la denominada banca abierta (open banking), en donde cada usuario es dueño de sus datos y puede autorizar que sean compartidos con otras instituciones financieras de forma tal de poder optar por recibir un mejor servicio.

Con un universo más amplio que el de la banca abierta vienen marchando las denominadas finanzas abiertas (open finance), en donde el consumidor puede disponer de esos datos para utilizar otros servicios financieros aparte de los bancarios, como por ejemplo administrar sus activos financieros o contratar seguros.

Por un andarivel distinto, pero conectado con los anteriores, se encuentra la información abierta (open data), en donde el usuario utiliza su información privada para todo lo anterior y además para realizar, por ejemplo, trámites online o para disponer de toda su historia clínica en formato digital para mejorar su atención sanitaria.

En relación con la intervención del Estado en el desarrollo de open banking y open finance, existe una amplia experiencia internacional, con Brasil liderando su desarrollo en la región a través de regulaciones que van abriendo, en etapas, estos derechos a sus consumidores.

Finanzas embebidas

Otra tendencia reciente que encadena el mundo financiero con la economía real es el desarrollo de las llamadas finanzas embebidas (embedded finance), que consiste en incorporar servicios financieros "embebidos" en productos ofrecidos por actividades no financieras.

Por mencionar solo algunos casos de esta tendencia a nivel global, Apple ofrece una gran variedad de servicios financieros, en especial de pagos, lo que para muchos hace que esta empresa se haya constituido en la fintech más grande del mundo; o también podemos citar los casos de Uber, que otorga préstamos a sus conductores, o de Rappi, que sumó una billetera virtual a su plataforma de pedidos.

Un ejemplo local reciente de esta tendencia podría ser el de Carrefour, que ha lanzado la emisión de una tarjeta prepaga virtual para tratar de incluir a los clientes que no reúnen los requisitos mínimos para obtener una tarjeta bancaria.

El rompecabezas argentino

Mientras que en el mundo y en la región se avanza con iniciativas que empoderan a los consumidores, mejoran la oferta de servicios financieros y alientan el desarrollo tecnológico, Argentina necesita repensar racional y desapasionadamente sus instituciones públicas, y la mejor forma es que se relacionen virtuosamente con el sector privado.

La sociedad moderna en la que vivimos y en la que la tecnología avanza a toda velocidad requiere un Estado democrático presente, con capacidad de entender y de gestionar la nueva realidad digital, con una participación plena de la sociedad civil. La falta de transparencia en la elaboración de normas impide enriquecer proyectos normativos, favoreciendo la intervención de lobistas que secretamente pueden atravesar las porosas estructuras públicas.

Pese a todos los ruidos, descalificaciones, grietas estériles y las recurrentes inestabilidades, nuestro país tiene todas las piezas del rompecabezas para enfrentar y articular este desafío colectivo exitosamente y entrar fortalecido a la nueva sociedad digital. No lo desaprovechemos.

* Ex presidente de la Comisión Nacional de Valores y Profesor de Fintechs, Bigtechs, Criptoactivos y Monedas Digitales en la Universidad de Buenos Aires

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