PANORAMA

Salarios caraqueños con precios madrileños, el dilema de Milei

ehadida

El Gobierno festeja el dato de inflación de febrero, que marcó un descenso desde el 20,6% registrado en enero, aunque ya nadie parece alegrarse mucho salvo los convencidos del 30% intenso. Y es que a pesar que desde el ala económica oficialista sostienen que de a poco se están mejorando los salarios, producto de que el salario promedio de los trabajadores registrados creció un 18,8% en dólares durante los primeros tres meses de gestión de Javier Milei, la ilusión desaparece cada vez que el argentino promedio se acerca a una góndola.

Mas allá del masoquismo autóctono de señalar que Argentina es el pais con más inflación del mundo, superando incluso a naciones atravesadas por la guerra civil o Estados casi fallidos, como es el caso de Venezuela, Libano y Haití, la realidad es bastante diferente de lo que expresan esas comparaciones.

Si bien es cierto que desde julio de 2022 (tras la salida del ministro Martin Guzmán del ministerio de Economía) la economía entró en un estancamiento en el cual los salarios reales formales, medidos por el RIPTE, cayeron mes a mes, los argentinos vivieron su veranito de consumo tras el paso de la pandemia.

En los hechos, el máximo nivel del salario real privado se había alcanzado en noviembre de 2021. A pesar de que muchos señalan que esa marca estaba muy por debajo de los registros de años anteriores (21% a mediados de 2013), le dio un alivio a los alicaídos argentinos. Algunos dicen que era un consumo de revancha por la pandemia. Quizás sea cierto, pero duró poco.

La caída de los salarios se fue profundizando desde 2022 junto con el deterioro de la actividad y la aceleración inflacionaria. Y para noviembre de 2023, la caída interanual del salario fue de 7%. En diciembre de 2023 llegaba a 20% y todavía no se recupera.

Pero no todos son tan pesimistas. La consultora FIEL señaló que el segundo semestre podría ser mejor en términos de recuperación de salarios y que, a pesar de que "en términos del poder de compra de los ingresos el primer semestre marcará seguramente un derrumbe importante de las remuneraciones formales privadas reales, siendo probable que promedie en una caída por encima del 15% anual, el segundo semestre podría ser otra historia, con salarios nominales recuperando algo mensualmente, en el escenario en que la inflación se ubique en el rango intermedio de un dígito mensual.

Esto es lo que cabe esperar, aún con una modesta recuperación del nivel de actividad, ya que los salarios reales habrán quedado muy por debajo de un equilibrio de largo plazo, cayendo más que la productividad media. De darse este escenario estaremos viendo un rebote que no tiene nada que ver con políticas públicas de estímulo a la demanda (suba forzada de salarios mínimos, impulso a los ingresos de empleados públicos, estímulo por vía de convenios colectivos, etcétera). Esto está más relacionado con el hecho de que el cambio de precios relativos en la economía está comenzando a tener efecto: básicamente, los precios mayoristas y los de los productores están subiendo por encima una parte del incremento de los costos (en este caso los laborales).

Aun con el fuerte receso económico que esperamos para estos meses, los costos laborales unitarios o CLU (es decir, los costos laborales ajustados por el nivel de actividad) habrán caído en términos reales debido a la significativa licuación salarial que ya viene teniendo lugar desde hace más de cinco años.

El salario real (costo laboral total) se ubicó en enero un 41% por debajo de su promedio de 2013. Incluso con una contracción de actividad de entre 15% y 20% respecto de la base, esto proporciona un colchón por reducción de costos unitarios que permite sostener el empleo en el corto plazo, para aprovechar un eventual rebote de la actividad que podría darse (o no) en el mediano plazo", indicó Juan Luis Bour en su informe Salarios e ingresos laborales: ¿caída temporaria?.

A pesar de las expectativas por un nuevo "segundo semestre" (déjà vu macrista que pocos escuchan), el humor social empeora a medida que los salarios y los precios toman mayor distancia. Incluso entre las clases medias que cada vez venden más dólares para llegar a fin de mes, lo que muchos aseguran contribuye para mantener planchada la cotización de todo los dólares que se pueden comprar libremente (MEP, CCL y blue). Pero lo que molesta cada vez más tanto a los sectores medios como a los sectores populares es la brecha de precios en dólares entre Argentina y el resto del mundo, que llega al 100% si se la compara con España y al 232% si se la contrasta con Estados Unidos.

El mejor caso es un celular de alta gama, que se paga un 230% más en Argentina que en Estados Unidos y 120% más caro en Buenos Aires que en Madrid. Y en euros. Para colmo de males, Argentina tiene el salario en dólares más bajo de América, solo superado por los de Venezuela y los de Cuba. Una foto que duele tanto en los bolsillos como en el orgullo.

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