Un lugar en el mundo
Cualquier posibilidad de instauración de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción, queda sujeta a las condiciones emanadas del contexto internacional. La correspondencia de las políticas internas con los parámetros del entorno le otorgarán factibilidad, así como las discordancias pondrán límites hasta la frustración.
De allí deriva nuestra insistencia sobre la importancia de realizar una caracterización de la actual configuración económica (y política) mundial precisa y detallada, en tanto siguen vigentes las expresiones del presidente Perón que alguna vez citáramos1 en este espacio: "...la política puramente interna ha pasado a ser una cosa casi de provincias; hoy todo es política internacional, que juega dentro o fuera de los países, influenciando la vida de las naciones y de los pueblos en forma decisiva".
Cierto es que existe un debate, más o menos explícito, entre quienes interpretan que las actuales vicisitudes no son más que eventos episódicos dentro del orden consolidado a posteriori de la Guerra Fría, y quienes interpretamos que la globalización ha dejado de ser el modelo hegemónico y excluyente de las relaciones entre los países, frente a un Nuevo Orden Internacional (NOI) que se abre paso a marcado ritmo.
Utilizando el lenguaje de las ciencias de la salud, coexisten, frente a una "sintomatología" muy clara (preminencia de las medidas de Administración de Comercio Exterior, desintegración de acuerdos de libre comercio como el Brexit de la Unión Europea o el retiro de EE. UU. del Tratado Transpacífico, parálisis de la OMC, etc.), "diagnósticos" divergentes.
Pero, al adentrarnos en el terreno de los sustratos, se hace evidente la presencia de un cambio estructural.
Lo esencial, ¿es invisible a los ojos?El punto de partida del proceso que puso fin a la globalización coincide con el "estallido de la burbuja" desatada a partir de la caída de Lehman Brothers en 2008, crisis que expresó los límites del entramado económico todo, especialmente en los aspectos derivados del esquema de acumulación de capital con predominio de lo financiero por sobre lo productivo.
Como consecuencia de la necesaria corrección de valores ficticios de allí derivada, los enclaves productivos menos competitivos resignaron posiciones frente a los más sólidos o directamente desaparecieron.
De allí que las economías sostenidas en los "boom" de precios registraran mayores turbulencias o ingresaran en profundas crisis (casos de Grecia, España y Portugal, por ejemplo).
Las vicisitudes de aquel momento funcionaron como un velo que dificultó la correcta identificación de un proceso que la primera potencia mundial había puesto en marcha desde la asunción de George W. Bush como presidente de los Estados Unidos, cuando creó el National Energy Policy Development Group. Sus discursos públicos recurrentemente señalaban que "...para mantener los empleos en América, debemos ser menos dependientes de las fuentes extranjeras de energía".
Así, fue que al mismo tiempo que observábamos el ingreso a la crisis de 2008 y los posteriores reacomodamientos, se iniciaba la "revolución energética norteamericana", basada en la puesta en acción de los reservorios de esquisto como fuente masiva de producción luego de haber logrado el desarrollo tecnológico que hizo posible una baja sustantiva de los costos de extracción2.
En la década que siguió, EE. UU. casi duplicó la producción de petróleo e incrementó en un tercio la de gas, llegando incluso a superar los requerimientos de su consumo interno. Pasó así de la categoría de principal demandante de energía importada a convertirse en el primer generador mundial de hidrocarburos.
El consecuente abaratamiento de los costos energéticos brindó a la industria estadounidense una notable ventaja sobre el resto de los complejos manufactureros nacionales otrora sobresalientes, especialmente los de Europa, China y Japón, que deben seguir siendo importadores del insumo a precios sustantivamente superiores a los de aquella, tornando dificultoso el sostenimiento de la penetración alcanzada en los diversos mercados del mundo.
Simultáneamente, el reordenamiento y recuperación de Rusia, de regreso como protagonista internacional a partir de su potencia militar, le permite fortalecer su posición como proveedor privilegiado de energía fósil tanto hacia la Unión Europea como hacia la República Popular China.
Así se configura un escenario completamente diferente al precedente, cimentado en los drásticos cambios de condiciones relativas para la producción y el comercio entre los diferentes países: algunos podrían recuperarse, crecer e incrementar su poderío, mientras que otros sólo podrían mantenerse o retroceder.
Entender la economía para hacer bien la políticaLos bajos salarios pagados en otras partes del mundo, deslocalizaron la elaboración de las manufacturas conflictuando las sociedades y crearon las condiciones políticas para la emergencia de representaciones antiglobalistas y nacionalistas, al tiempo que se develan como un factor ya insuficiente para competir con las cadenas de valor que cuentan con la ventaja de la "energía abundante y barata" para disminuir los costos unitarios de producción.
Es en ese marco que la asunción de Trump como presidente de los EE. UU. sella el certificado de defunción de la globalización, expresando orgánicamente a los segmentos productivos (empresarios y trabajadores) de su país, nuevamente en condiciones de encaramarse en una "zona de confort" inalcanzable para sus principales competidores.
Los desiguales accesos al insumo "energía", hoy situado como vector central de la competitividad de las economías, también determina los grupos de naciones cuyos intereses son convergentes, así como los que son divergentes. En definitiva, quiénes se benefician y quiénes se perjudican.
Asimismo, en este nuevo escenario, los preceptos del librecomercio resultan disfuncionales para los primeros, en condiciones de conservar y fortalecer sus mercados laborales en esta "guerra por los empleos".
De allí que la "sintomatología" citada, inequívocamente deviene de una transformación que, lejos de ser episódica es estructural, en cuyo devenir, los rasgos tenderán a acentuarse y no a disminuir.
Puertas adentroQuienes identifican y ponen en valor sus vectores de competitividad, a diferencia del período de apogeo de la globalización, hoy pueden combinar adecuadamente los estímulos internos con las medidas de protección necesarias para el desarrollo de sus propios factores de producción.
Encontrar nuestro "lugar en el mundo" no es, para una economía del tamaño de la nuestra, un reto de poca monta ni exento de riesgos3.
Pero sería "tonto" desconocer que, para el despliegue de un MoDEPyS, este Nuevo Orden Internacional brinda una ventana de oportunidad que la globalización no ofrecía.
Pocas semanas atrás sosteníamos que la suerte del Gobierno se juega en la actuación de la Cancillería y del Ministerio de Economía, porque ningún plan, programa o proyecto podrá ser exitoso si no se corresponde con el desempeño que alcance la economía. Y que esta, depende en gran medida de la pertinencia con la que se empalme con las condiciones emanadas del contexto internacional.
Tenemos la chance de poner en valor los vectores de competitividad general de la economía argentina y lograr que sean nuestros complejos productivos de bienes y servicios los que prevalezcan en la satisfacción de la demanda de un mercado interno vigoroso y profundicen su penetración en los externos.
No podemos desaprovecharla.
1 “La visión del mundo de Cambiemos: ¿Suma o resta para los negocios?”. BAE, 2/1/18.
2 “El “America first” y el Nuevo Orden Internacional”. BAE, 28/1/19
3 La región ofrece desafíos adicionales dada la situación de las relaciones con algunos de nuestros vecinos. Es necesario recuperar los históricos entendimientos con Bolivia, así como abordar correctamente los vínculos con un gobierno de Brasil notoriamente hostil, que a su vez parece ejercer ascendencia sobre la nueva administración de Uruguay.
* MM y Asociados