De Laurie Anderson a María Negroni: el Filba presentó su programación
El eje es la literatura como fuerza transformadora
Con lecturas, recorridos literarios, recitales de poesía, música, biblioteca abierta y entrevistas en primera persona, y la participación de una artista icónica como la estadounidense Laurie Anderson, el Festival Internacional de Literatura Filba celebra su 14° edición del 28 de septiembre al 2 de octubre, en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires con una propuesta transversal que imagina a la literatura como fuerza transformadora, de acción no sólo estética sino también política.
Cada año, el festival se pronuncia sobre una idea que surge de las lecturas, del tiempo que se vive, de los libros que se publican, de las temáticas que insisten. En esta edición, sobrevuela la fuerza activa de la literatura, la idea de "la palabra literaria cuando se compromete, cuando dice e incluso cuando pone en tensión la idea de la autonomía, donde vida y obra pueden desdibujarse y la palabra se acerca a cierto activismo", sostiene Amalia Sanz, directora de Fundación Filba.
Durante cinco días, de manera gratuita y en cinco sedes porteñas, el Filba trae a 15 escritores de América Latina, Estados Unidos y Europa, y otros 70 de la escena local. El cierre está a cargo de Laurie Anderson, mientras que el discurso de apertura, el miércoles 28 en el Malba, tiene de anfitriona a una oradora local: la poeta y ensayista María Negroni, autora de "El corazón del daño".
Y con ese impulso, la programación incluye: una lectura performática de más de seis horas de Iosi Havilio de una novela inédita de 1590 capítulos; un recital de poesía en Eterna Cadencia con varios poetas, entre ellos Susana Villalba; autores que mientras leen bordan; una actividad de escritores hacker; o la rotativa de tres escritores que estrenan en voz alta textos de sus próximos libros: Pedro Mairal, Claudia Piñeiro y Hernán Ronsino. Y hasta hay en agenda una fiesta en la calle, porque Filba se suma y agita la Francachela, el evento que organiza librería Aristipo con vino, libros y choripanes en el barrio de Villa Crespo.