La escena sexual

Fantasías animadas del porno de ayer y hoy

El análisis de lo que le otorga el porno al arte puede dar cuenta de el por qué de la existencia del porno animado y sus más locas películas

BAE Negocios

Una pregunta que me queda siempre cuando termino de redactar estas columnas es qué le da el porno al resto del arte. Su existencia es ancestral: el arte pornográfico atraviesa todas las eras y la representación del sexo de modo explícito (eso es lo que significa en griego "pornográfico": "la imagen del hacer de la prostituta") aparece en todas las culturas desde tiempos inmemoriales. Como la cacería o la agricultura. Los mitógrafos saben, además, que el sexo forma parte sustancial de muchos ritos tradicionales, y que es la religión -aquello que hoy llamamos "mitología"- la raíz del arte en general. Pero hoy la cosa no está tan clara: el arte por excelencia desde finales del siglo XIX es el de la imagen, especialmente el de la imagen en movimiento. Y desde que el cine existe, el sexo explícito forma parte de su acervo. Sin embargo, después del período dorado de la legalización allá por los años setenta, cuando se hacían verdaderas películas alrededor del sexo, todo se convirtió -con las excepciones del caso- en exhibicionismo estandarizado. El gran problema del porno no consiste en el sexo, por mucho que a ciertas personas le moleste, ni en la supuesta "explotación" (el porno real e industrial está regido por normas bastante férreas al respecto, especialmente en los Estados Unidos, aunque claro que la ley puede esquivarse), sino en que suele carecer de imaginación. Es decir, se vuelve aburrido.

Hay otro tipo de cine que compartía con la pornografía cierta marginalidad: el cine animado. En efecto, antes de la revolución de las computadoras, hacer una película animada era tan caro que la mayor parte de la producción se constituía de cortometrajes, y además nunca eran tomados demasiado en serio. Por cierto, lejos de ser un problema, en ciertos casos esta "marginalidad" se convirtió en una ventaja. Basta con ver la producción de Looney Tunes/Merrie Melodies o lo que hizo Tex Avery desde los años 40 en la MGM para encontrarse con trabajos de un surrealismo feroz, una sátira muchas veces incluso sexy del mundo, llena de animales parlantes para nada tiernos. Que hoy la animación sea parte constitutiva del cine más masivo es algo más bien reciente. Y por cierto, como es lógico, el porno y la animación también se cruzaron desde los principios del cine mismo.

Pero no vamos a hablar de esa historia, que además hemos tocado más de una vez, sino de tratar de responder a la pregunta del principio: ¿qué le otorga el porno al cine? O, para mayor precisión, ¿qué podría darle? Lo primero que surge es el desprejuicio, y basta con ver algunas de las cientos de películas que hemos recomendado en diez años en estas columnas para entenderlo. El humor y el sexo han permitido tocar temas como el incesto, el abuso, la política, el afán de lucro, etcétera, y muchas veces con surrealismo tan explícito como los genitales que adornan el género. Pero eso ya no es más la norma. Sin embargo, a partir un poco de la imaginación animada japonesa y el hentai (el "porno animado" nipón, para simplificar un poco), han aparecido algunas otras tendencias un poco en todo el mundo que permiten ampliar la representación. El uso de gráficos 3D y de programas de animación más o menos simples ha permitido que, aunque no en abundancia, aparezcan en las redes muchos ejemplos de pornografía animada que además es creativa. Vamos con algún ejemplo.

Pornomation es una serie de largometrajes producidos por dos californianos de quienes solo conocemos los seudónimos, Sagémonn y Karynna. Cada largo en realidad es una compilación de cortos de fantasía y ciencia ficción donde una serie de personajes tiene sexo de toda forma imaginable. Aunque no se queda ahí: lo mejor de estas películas consiste en que hay mucho sexo de modo inimaginable. Con máquinas, con seres mitológicos, con extraterrestres dotados de una genitalidad extrañísima, etcétera. Un ejemplo: una mujer guerrera lucha en un ring, rodeada de ojos mecánicos, con un monstruo en cuya cara hay tres penes verdes. Lo vence cayendo sobre uno de ellos y tomando los otros dos hasta dejar exhausta a la bestia (esto se puede ver en Pornomation 2 o Zuma, tales of a sexual gladiator). En Pornomation 3, lo interesante es cómo se trata el tema de la realidad y lo virtual, de ir y venir de un mundo totalmente cotidiano donde hasta el sexo es común, a un escenario fantástico donde todo es otra clase de placer. Por cierto, en ocasiones los colores y la animación dejan algo que desear (hay mucho efecto "Pagsa", si tiene algún conocimiento del arte popular de los 80), pero en general el montaje hace milagros y además no faltan momentos de humor y de creatividad. El sexo es otra cosa sin dejar de ser excitante o sensual. Los paisajes, llenos de detalles que en ocasiones recuerdan a Dalí, no dejan de aportar algo al clima de estas historias.

Es decir: lo que el porno podría aportarle al cine en general es el desprejuicio para inventar. Dado que no hay nada que se censure, se pueden inventar incluso nuevas formas del sexo, formas que no vemos en la realidad. Es cierto que, en gran medida, el porno industrial es imposible en el mundo real. Requiere de acrobacias poco saludables para quienes vivimos con trabajos más bien burgueses; el porno es irreal a propósito. Pero en general todo es más o menos lo mismo y lo que puede llegar a despertarnos algún deseo de seguir mirando es la belleza o la disposición de los participantes. En ese sentido es un cine de actores. El asunto pierde rápidamente su magia a menos que aparezca algo extraordinario. Porque el arte, todo el arte, de lo que trata es de lo extraordinario, de lo que no podemos experimentar a no ser a través de una obra. Con el porno el asunto es el mismo, pero la propia fisiología humana le pone límites.

Por lo tanto, estos experimentos animados así como el delirio gráfico que puede encontrarse si se buscan animaciones porno 3D (es cierto, hay mucho hecho por adolescentes calenturientos, pero no por eso dejan de ser imaginativos) provee una posibilidad para salir del tedio. Y al mismo tiempo, nos dicen que el "otro" cine tiene el deber de romper con sus prejuicios y dedicarse a inventar imágenes. Si un par de californianos con una PC pudieron, cómo no va a poder Hollywood.

Esta nota habla de: