El lado B de los superhéroes en un relato desparejo y, por eso mismo, interesante

Crítica de Venom

BAE Negocios

Venom es una película extraña. No porque no se entienda, porque sea vanguardia estética, porque incluya imágenes perturbadoras. No, más bien por lo contrario: la historia del antihéroe Marvel relacionado con Spider-Man -de hecho, apareción en Spider-Man 3, de Sam Raimi- es la ocasión para mirar el costado a veces absurdo del género central del cine de gran espectáculo contemporáneo. Como si la película se hiciera cargo de su propia pirotecnia, trabaja sobre todo el tema del poder ya no como responsabilidad sino como carga y molestia. En cierto punto, el personaje interpretado por Tom Hardy, ese periodista accidentalmente "habitado" por un simbionte extraterrestre superpoderoso y amoral, parece decir "oh, no... qué molestia ser un super algo", y pone en juego la cuestión moral desde el puro juego visual. Imperfecta, a veces desbalanceada, a veces imprecisa, parece jugar con lo inútil -y por eso mismo, hermoso- del género.

 

 

Título original: Ídem, EE.UU., 2018. Duración: 113’. Dirección: Ruben Fleischer. Intérpretes: Tom Hardy, Michelle Williams, Riz Ahmed, Woody Harrelson. Calificación: Apta para mayores de 13 años.

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