El Festival de Mar del Plata cumplió pese a las dificultades
La muestra tuvo una selección notable y equilibrada
Pequeño resumen en pocas líneas: tuvimos un buen Festival de Mar del Plata. Aunque hubo que achicar gastos, nunca estuvo en duda su realización. El asunto redundó en menos pasadas por películas y un día menos en total, pero las películas estuvieron y el panorama fue amplio. La competencia fue mucho más que decorosa y tuvo autores extraordinarios presentando filmes que están a la altura de su fama (el ganador Isaki Lacuesta, Rita Azevedo Gomes, Marie Losier, Roberto Minervini) y las otras tres secciones competitivas (Latinoamericana, Argentina y la experimental Estados Alterados) no presentaron obras vergonzosas ni por accidente. Es decir, en el aspecto estético se nota la continuidad del equipo programador y el conocimiento del cine contemporáneo. Irreprochable.
La organización funcionó bien, también. Las visitas internacionales tuvieron peso y permitieron que la muestra generase más resonancia en medios extranjeros. Lo mismo el primer Foro de Cine y Género, que se llenó durante los dos primeros días de la muestra y fue noticia. Hay algo que pensar de todo esto y es que Mar del Plata, gobiernos aparte, tiene ya una vida propia que habría que dejar fluir lo más posible.
Lo que permite finalmente reflexionar sobre cómo se mira el Festival fuera del campo del cine. Lo que importan son las películas, y eso es lo que queda. Cualquier expresión "extemporánea" o utilización partidaria lo opaca, especialmente cuando la verdadera política aparece en la pantalla, en las películas, en las discusiones fuera de las salas. Como se dijo, Mar del Plata tiene una vida propia, y quienes lo conocemos desde 1996 y vemos tantas caras habitués fuera y dentro del área oficial sabemos sabemos que los escándalos o las internas solo interesan a un micromundo. El gran mundo prefiere las películas.