CINE

La Berlinale entregó sus premios y entregó reconocimientos casi sin olvidos

En una ceremonia cargada de referencia política (el centro de la escena en este caso lo ocupó la consigna de cese el fuego, tanto por parte de Rusia como de Israel), no faltaron los premios para el cine argentino

Fernando E. Juan Lima @fejlima Desde Berlín

 

El palmarès de una edición no particularmente lucida (se nota la transición en la que se encuentra el festival ante la renuncia de sus directores artístico y ejecutivo y los cambios en la política germana que, por supuesto, afectan a la cultura) supo poner en su lugar las cosas, dando lugar a las mejores películas presentadas en la Competencia Oficial. Esta no fue particularmente inspirada ni consistente, pero hubo unas cuantas buenas películas. Y lo cierto es que ellas fueron reconocidas; casi sin olvidos y con solo un desliz.

El jurado de siete miembros presidido por la actriz norteamericana Lupita Nyong’o (y del que formaban parte los 3 directores Christian Petzold, Albert Serra y Ann Hui) tuvo la sensibilidad y la valentía de encontrar un equilibrio que da la sensación de una solidez y nivel que la sección, en general, no tuvo.

Así, muy atinadas fueron las decisiones de otorgar el oso de pata al mejor guion al crédito local Matthias Glasner por Sterben (Dying), un muy interesante melodrama cargado de humor negro sobre la falta absoluta de empatía y amor en el marco de una familia (claramente, la del propio director y guionista) y a Martin Gschlacht por la fotografía de Des Teufels Bad (The Devil’s Bath), de Veronika Franz & Severin Fiala (drama de época atravesado por el terror, género en el que saben moverse muy bien los realizadores, como lo demostraron en Goodnight Mommy, de 2014).

Arriesgada y justa ha sido la dirección de otorgar el premio a la mejor interpretación protagónica (los premios, como en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se otorgan así, sin referencia al género de actores y actrices) a Sebastian Stan por su labor en A Different Man, de Aaron Schimberg, una comedia que se acerca sin prejuicios al tema de las deformidades extremas, un “hombre elefante” de nuestros tiempos.

Más demagógico e insostenible parece el oso de plata por la actuación de reparto para Emily Watson, por su participación en Small Things Like These, de Tim Mielants. Seguramente más fruto del respeto y cariño a la persona y la carrera de esta gran actriz que su olvidable paso por una película imposible (ya nos referimos a ella al momento de la apertura del festival). Este ha sido el único yerro importante del jurado.

El gran premio del jurado para Yeohaengjaui pilyo (A Traveler‘s Needs) de Hong Sangsoo parece casi un chiste del que se rió el propio realizador coreano al recibir el premio. Es que siempre que pasa por aquí (cosa que sucede casi todos los años) se lleva algún premio.

Así, sinceramente intrigado, se preguntó sobre qué habrían visto los miembros del jurado en su película, una pequeña pieza en la que se luce Isabelle Huppert, una buscavidas francesa instalada en Corea. Para destacar es el precio del jurado para L’ Empire (The Empire), del cada vez más inclasificable Bruno Dumont.

El director de La humanidad y Fuera satán, desde la miniserie P’tit Quinquin se viene acercando al humor desde un lugar único, en el que el sinsentido se une a una feroz mirada sobre la sociedad francesa y la asunción de posturas políticas ciertamente interesantes (aun cuando lo suyo, claro está, no es el discurso de barricada). Así, su idea de una lucha de poderes extraterrestres (¿celestiales?) en un pueblito costero del norte de Francia frente a la llegada del Señor del Mal en la figura de un niñito, puede remitir a las circunstancias particulares de más de un país en el mundo.

Después de todo, la banalización de la política, los discursos que más que hacerse cargo de la realidad parecen extraídos de la saga de La guerra de las galaxias, son algo que conecta el presente de diversas sociedades (no solo la francesa). Dumont llevó a las imágenes ese imaginario y se permitió, al recibir el premio, jugar con una grabación con la que “hacía hablar” al Oso de Plata que recibió. Lo mismo puede decirse del premio a la mejor dirección para el dominicano Nelson Carlos De Los Santos Arias, por Pepe, una película (como Sunset Boulevard) narrada por un cadáver. El pequeño detalle es que el narrador es nada menos que un hipopótamo llevado a tierras colombianas por Pablo Escobar Gaviria. Sin dudas, el jurado, con buen tino, puso el ojo en lo más arriesgado y personal de la muestra, que por fuera de estos casos, poco tuvo de interesante.

En el mismo sentido, el Oso de Oro no podía quedar en mejores manos. Es que Dahomey, de Mati Diop, con sus compactos 67 minutos (que se agradecen frente a la proliferación de films que innecesariamente rondan las 3 horas de metraje) es sensible, jugada, única. La directora hace foco en la devolución, en 2021, de 26 objetos arqueológicos del Reino de Dahomey por parte de Francia a Benin. De la documentación del embalaje y viaje a la indagación sobre ese robo y devolución, su impacto cultural y la mirada de una de las deidades honrada en una escultura del regreso a un país y una cultura que ya no son los propios. ¿O sí? Las reflexiones de un grupo de estudiantes en la facultad cierra el círculo cargado de preguntas sin respuestas.

Premios para el cine argentino

Cada sección dio sus premios, siendo menester destacar los otorgados por la oficial sección Encounters. Allí el jurado (del que formó parte el director argentino Lisandro Alonso) reconoció como mejor film a DIRECT ACTION, de Guillaume Cailleau y Ben Russell, como mejor directora a la brasileña Juliana Rojas por Cidade; Campo y, ex aequo otorgó el premio especial del jurado a Khamyazeye bozorg (The Great Yawn of History) de Aliyar Rasti y Kong fang jian li de nv ren (Some Rain Must Fall), de Qiu Yang.

En una ceremonia cargada de referencia política (el centro de la escena en este caso lo ocupó la consigna de cese el fuego, tanto por parte de Rusia como de Israel), no faltaron los premios para el cine argentino.

Como en casi todos los festivales de cine más importantes del mundo, en cada edición nuestro cine está presente y es rara la ocasión en que no se lleva algún importante premio. Este año el Oso de Oro al mejor cortometraje fue para Un movimiento extraño de Francisco Lezama. Por su parte, entre los premios no oficiales más importantes, cabe destacar el otorgado por la Federación Internacional de Críticos (FIPRESCI) a la coproducción Dormir de olhos abertos, de Nele Wohlatz, como mejor película de la sección Encounters.

 

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