TRUMP 2.0

La diplomacia de los ex imperios parece marcarle los límites a los ímpetus de Trump

Rusia, China y Brasil le plantan cara a las presiones políticas y económicas que llegan de Washington

BAE Negocios

A pesar de su pirotecnia dialéctica y una postura intimidante que remeda los viejos tiempos de la "política del garrote", el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, empieza a ver cómo la diplomacia de naciones con pasado imperial y visión de largo plazo bloquea sus pretensiones de una nueva hegemonía estadounidense.

Y esto tanto a nivel político como económico.

En las últimas horas, Trump decidió apurar el viaje de su enviado personal a Rusia, en busca de acelerar las negociaciones entre Moscú y Kiev para llegar a una tregua en la guerra de Ucrania, luego de reducir de 50 a 10 días el "plazo" en el que espera que haya una paz concertada. Para ello, además, amenazó con nuevas sanciones económicas y de otro tipo a Rusia. El Oso Ruso se tomó con soda las advertencias, asegurando que su economía ya tenía "inmunidad" frente a las penalidades establecidas por Washington y sus aliados de la Unión Europea. Y ratificando que la lucha en Ucrania no terminará "hasta que se hayan removido las causas profundas" del conflicto.

 

Condiciones

Que no son otras que el eventual ingreso de Ucrania a la OTAN, lo que ubicaría armas nucleares occidentales a pocos cientos de kilómetros de Moscú, una posibilidad que una gran potencia como Rusia no puede darse el lujo de permitir. La cuestión fue planteada con sagacidad por el propio presidente ruso, Vladimir Putin, en diálogo con una periodista extranjera: "usted qué cree que harían los Estados Unidos si yo decidiera colocar misiles nucleares en la frontera de México". Y es que un gran imperio nunca deja de serlo del todo, y piensa siempre en el largo plazo.

Moscú tampoco está dispuesta a permitir la presencia de tropas francesas, británicas y alemanas en sus fronteras como eventuales "fuerzas de paz" en suelo ucraniano. De ahí que la posibilidad de un "acuerdo de paz en diez días" aparece remota, ya que Rusia no va a entregar en la mesa de negociación lo que está ganando en el campo de batalla.

En Asia tampoco le va tan bien al magnate republicano, ya que China se plantó con firmeza en el tema aranceles y llevó un alargamiento de las negociaciones, que si bien Trump intentó mostrar como una concesión de su parte, no fue otra cosa que el reconocimiento de la enorme incidencia de las importaciones de productos chinos en su economía. Y Beijing sigue rechazando la injerencia de terceros países en su relación con Taiwán, a tal punto que la propia Washington reconoce la política de "una sola China".

 

Apoyo para Lula

Y sorteando el tema Irán (ver aparte), el otro ex imperio insumiso está acá nomás, es un vecino de Argentina: sí señor, hablamos de Brasil. Lula da Silva no sólo amenaza con replicar punto por punto los aranceles, sino que rechaza las intentonas de Trump por mejorar la situación judicial de su amigo y ex mandatario brasileño Jair Bolsonaro. Es más: la firme respuesta de Lula a las presiones de Washington aumentó su popularidad a niveles impensados días antes, abroquelando tanto a la opinión pública como al empresariado brasileño en su respaldo al presidente de izquierda.

Por las dudas, recordemos que el país hermano fue durante varias décadas el Imperio del Brasil, en eterna disputa por la primacía en el estuario del Plata con la República Argentina.

¿Será que la visión geopolítica le gana al repentismo trumpista? A veces, la política internacional, como el fútbol, nos demuestra ser una "dinámica de lo impensado". Otras veces, la racionalidad se impone por peso propio. Ya veremos.

 

Esta nota habla de: