Crisis de los chips: del furor por la IA a un escenario de incertidumbre
Los aranceles, la menor demanda y los avances tecnológicos sacuden este año la industria de los semiconductores, que enfrenta un panorama complicado
Los chips fueron el gran motor de las Bolsas mundiales en los últimos años. En ese marco, Wall Street experimentó una fiebre impulsada por la inteligencia artificial (IA), pero ese entusiasmo comienza a enfriarse. En lo que va de 2025, el sector registra una caída del 9,26% en el S&P iShares Semiconductor Index y sufre una corrección del 26,77% desde los máximos evidenciados a lo largo del año pasado.
Lo que parecía un auge imparable enfrenta ahora un escenario de incertidumbre. Los inversores ajustan sus expectativas y los analistas lanzan advertencias acerca de los desafíos que podrían frenar el crecimiento de esta industria clave para la economía global.
El freno en la euforia por la IA
La IA fue el motor que disparó la demanda de chips, pero la aparición de DeepSeek (una tecnología encargada de optimizar los recursos computacionales y reducir la necesidad de chips de alta potencia) cambió el panorama. La promesa de una IA más eficiente y menos dependiente de hardware sofisticado golpeó en las expectativas del sector, que hasta el momento vivía una explosión de inversión justificada por una demanda aparentemente ilimitada.
Los efectos de este cambio ya se ven reflejados en la cotización de las principales empresas del sector. En lo que va de 2025, Nvidia perdió un 17%, Broadcom cayó un 15% y AMD acusó un desplome del 18%. Otras compañías como Texas Instruments (5,6%), AppliedMaterials (8,9%) y Qualcomm (0,27%) lograron amortiguar mejor el impacto. La excepción es Micron, que subió un 7%, desmarcándose de la tendencia negativa.
En Europa, ASML retrocedió un 7%, mientras que TSMC y TokyoElectron se derrumbaron un 7,35% y un 12,42% en Asia.
La amenaza de los aranceles
El conflicto comercial entre Estados Unidos y China se intensifica y los chips aparecen en el centro de la escena. Donald Trump, tras su regreso a la Casa Blanca, amenazó revocar la Chips Act, la ley de incentivos aprobada por Joe Biden que generó inversiones por USD400.000 millones.
El republicano también sugirió la posibilidad de imponer aranceles a Taiwán, un actor clave en la cadena de suministro de semiconductores. Además, la guerra comercial ya comenzó a mostrar sus efectos. Beijing impuso gravámenes sobre el germanio, el galio y el antimonio, minerales esenciales para la fabricación de chips, generando escasez y un abrupta aumento de los precios.
Riesgos
Según señaló la consultora Sourceability, estas tensiones podrían escalar y comprometer aún más la producción global de semiconductores: "Cualquier expansión de los aranceles podría interrumpir la ya frágil cadena de suministro y disparar los costos de las materias primas".
Desde Fitch Ratings, destacan que los aranceles sobre los equipos de fabricación de chips representan "un riesgo fundamental para las ambiciones de inteligencia artificial de Estados Unidos". Asimismo, aseguraron que el sector enfrentará mayores costos de inversión y menores niveles de rentabilidad, lo que podría frenar la expansión de centros de datos y otras infraestructuras.
Menor demanda
La incertidumbre no solo afecta la producción sino también a la demanda. China es un mercado relevante para los chips y las restricciones comerciales podrían impactar directamente en los ingresos de las empresas líderes. ASML ya advirtió en sus últimos resultados que las tensiones comerciales afectan su negocio, mientras que la posibilidad de que Estados Unidos disponga frenar los subsidios para el sector se configura como un riesgo adicional.
Pero la guerra comercial no es la única amenaza. La irrupción de DeepSeek podría reducir la demanda de chips de última generación. Un grupo de expertos de Coface concluyó que esta tecnología podría generar "un exceso de capacidad en el sector, lo que forzaría una reevaluación en toda la cadena de valor de la IA".
Además, la industria automotriz, una de las mayores consumidoras de chips, también acusa el impacto. Los fabricantes de vehículos eléctricos enfrentan subas en los costos de los componentes electrónicos, lo que podría repercutir en la rentabilidad de las automotrices y frenar la adopción de nuevas tecnologías.
Mayores dificultades
Paradójicamente, en un mundo donde se teme que la IA reemplace empleos, la industria de semiconductores se encamina hacia una crisis de mano de obra. La Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA) estimó que solo en Estados Unidos se necesitarán al menos 60.000 trabajadores adicionales para evitar que se genere un cuello de botella en la producción. A nivel global, se calcula que hará falta un millón de empleados especializados en los próximos cinco años.
A esto se suma un desafío crítico: la rápida obsolescencia de los chips. Según detalló Sourceability, la vida útil de los chips de última generación se redujo a la mitad, oscilando entre dos y cinco años. Esto obliga a las empresas a rediseñar sus productos constantemente o afrontar altos costos de reposición, lo que presiona aún más los márgenes de rentabilidad. Los expertos coinciden en que las compañías que mejor se adapten a estos costos y logren captar talento especializado serán las que dominen el mercado en el futuro.
El futuro de los chips
A pesar del pesimismo actual, las proyecciones de crecimiento del sector continúan siendo sólidas. El último informe de ING proyectó que la industria de semiconductores crecerá este año un 9,5% , aunque esta cifra se encuentra lejos del 19% registrado en 2024.
El instituto WSTS prevé un crecimiento del 11,2%, impulsado por un incremento del 16,8% en microchips lógicos y del 13,4% en microchips de memoria. Otras consultoras, como IDC y Gartner, mantienen previsiones más optimistas, con aumentos del 15% y del 12,7%, respectivamente.
Por su parte, desde Deloitte creen que el 2025 podría ser incluso mejor que el 2024, ya que estiman que las ventas de chips alcanzarán los USD697.000 millones, superando los USD627.000 millones del año pasado.
Europa, la gran perdedora
Los analistas coincidieron en que el mercado de chips se dividirá en dos: un sector impulsado por la IA y los centros de datos y otro más tradicional con estancamiento en los segmentos de PC, smartphones y automóviles. En este nuevo escenario, Europa quedará rezagada, ya que sus fabricantes no dominan las tecnologías de vanguardia.
El fin de la euforia por los chips no significa un colapso del sector pero sí una reconfiguración del mercado, donde las empresas que no logren adaptarse quedarán fuera del juego. Mientras la industria enfrenta un reajuste, los expertos advierten que, a pesar de las turbulencias actuales, el crecimiento sigue en marcha.