Un alto ejecutivo de Nike ya no podía con su secreto y confesó un asesinato
Larry Miller, de 72 años, contó por primera vez que mató a un chico de un disparo. Ocurrió en 1965, cuando tenía 13 años. Fue atrapado y estuvo en la cárcel hasta los 30 pero logró ocultarlo hasta ahora. Es el responsable de llevar la marca de Michael Jordan a ser un fenómeno mundial
Larry Miller tiene 72 años y hace ya 25 que es uno de los ejecutivos más altos y exitosos de Nike. Fue él quien llevó la marca de zapatillas Jordan a convertirse en un fenómeno mundial. Su vida está llena de fechas importantes, como el día que entró en la empresa, el día de su casamiento o hasta el día que Jordan ganó seis millones de euros en una semana gracias a Lionel Messi. Sin embargo, ninguna de esas está tan marcada a fuego en su memoria como el 30 de septiembre de 1965. Porque ese día el hoy exitosísimo empresario mató a un hombre. Y lo confesó 56 años después.
Miller contó en su libro "Jump: My Secret Journey from the Streets to the Boardroom" (Salta: mi viaje secreto de las calles a las salas de juntas) que su infancia fue muy complicada. Nació en la década del '50 en Filadelfia, y vivía en un auténtico campo de batalla: proliferaba la violencia, las pandillas y los tiros; mientras se iban los servicios públicos, las autoridades y el control. Así, el contexto lo llevó a involucrarse con la pandilla de la Avenida Cedars con apenas 13 años.
“Tenía problemas de manejo de ira incluso antes de llegar a una edad de dos dígitos”, recordó Miller. Cuando entró en la pandilla, entendió lo que sucedía en las calles: “El poder estaba en las calles, no en las aulas. Si querías ser respetado y temido, tenías que unirte a una pandilla”. El 30 de septiembre de 1965, bebiendo vino con amigos y acumulando bronca por la muerte de un compañero, sentenció: “Si encuentro a alguien, lo voy a matar". Al poco tiempo se encontró con Edward David White, un joven de 18 años. Con él mantuvo este diálogo, reconstruido por El País:
—¿De dónde sos?
—No soy de acá.
—Sí sos. Vos estás con la banda de 53 y Pine. Si no, ¿por qué estarías en esta esquina?
— No, ¡no estoy con ninguna banda!
Miller disparó en el pecho de White, que cayó muerto. "¿Quién va a ser el próximo?", pensó el joven de 13 años, enfurecido. No hubo otra víctima gracias a la intervención de la Policía, que capturó a Miller y sus compañeros al poco tiempo del asesinato. Larry fue a una prisión juvenil por cuatro años y medio y gracias a un abogado, se declaró culpable de homicidio en segundo grado y negoció una pena con la que evitó ser procesado como adulto.
El proceso de redención y la obtención del perdón
Hasta los 30 años estuvo en la cárcel. Allí leyó muchísimos de los clásicos, se convirtió al Islam y hasta obtuvo un título en contabilidad. Salió de prisión convencido de que cambiaría su vida. En las primeras entrevistas de trabajo le fue muy bien, pero poco antes de llegar al final su conciencia lo obligaba a avisar de su pasado, hecho que no dejaban pasar las empresas. Logró acallar sus voces internas y se mantuvo en silencio. Así consiguió trabajo, así llegó a Nike, así se convirtió en vicepresidente ejecutivo en 1997 —donde tuvo miedo de que en las fotos lo reconocieran— y así llevó a la marca de Michael Jordan al estrellato máximo.
Pero las voces no callaron para siempre, y 56 años después del asesinato, Larry Miller confesó en Sports Illustrated que había matado a un hombre. No satisfecho con la confesión —que levantó un enorme interés de la opinión pública y los medios—, el ejecutivo fue a buscar el perdón de la familia de White, que al morir tenía un hijo de ocho meses y una niña en camino. Y lo encontró.
“Si tuviera 30 años menos estaría al otro lado de esta mesa sobre ti”, le dijo Barbara Mack, la esposa de White de 84 años, cuando se reunió con MIller en un despacho de abogados de Filadelfia. “Si yo no lo hubiera perdonado, Dios no me lo perdonaría”, aclaró en diálogo con New York Times.
Los hijos de White, Hasan Adams (56) y Azizah Arline (55), también aceptaron las disculpas de Miller, y hablaron con el ejecutivo de crear una fundación de becas a nombre de su víctima, financiada a perpetuidad para ayudar a sus descendientes y a otras personas sin recursos para poder cursar estudios universitarios. La familia White dijo que no tienen mala voluntad hacia Miller y lo ven como alguien que tiene que hacer las paces consigo mismo.