Una reunión incómoda en la Casa Blanca, con el fantasma del "genocidio blanco" de fondo
Cyril Ramaphosa intentó recomponer la relación con EEUU, pero Donald Trump lo confrontó con acusaciones infundadas sobre ataques a granjeros blancos en Sudáfrica
En un encuentro que buscaba relanzar la relación bilateral, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa se topó con una recepción tensa en la Casa Blanca. Su reunión con Donald Trump, realizada el miércoles en el Salón Oval, estuvo marcada por los señalamientos del mandatario estadounidense sobre una supuesta persecución contra agricultores blancos en Sudáfrica, a los que llegó a calificar como víctimas de un "genocidio".
“Tenemos a mucha gente que siente que está siendo perseguida, y están viniendo a Estados Unidos. Son granjeros blancos, están huyendo de Sudáfrica, y es muy triste verlo”, afirmó Trump ante las cámaras, antes de pedir que bajaran las luces para proyectar un video. La grabación mostraba al político opositor Julius Malema instando a la violencia contra los granjeros blancos. Trump comentó: “Esto es muy grave. Son funcionarios que dicen ‘maten al granjero blanco y tomen su tierra’”.
Ramaphosa, protagonista de las negociaciones que pusieron fin al apartheid en los años 90, intentó desarticular esa narrativa: “Lo que usted vio en esos discursos no es política de gobierno. Tenemos una democracia multipartidaria en Sudáfrica que permite que la gente se exprese”, explicó. “La política de nuestro gobierno está completamente, completamente en contra de lo que él dijo”.
A lo largo de la reunión, el presidente sudafricano mencionó varias veces a Nelson Mandela y expresó su deseo de hablar no sólo sobre el tema de los granjeros, sino también sobre comercio e inversiones. A pesar del cruce, Ramaphosa obsequió un libro sobre los campos de golf sudafricanos. El encuentro incluyó la presencia de los golfistas Ernie Els y Retief Goosen, y del empresario Elon Musk, nacido en Sudáfrica y aliado de Trump, quien también alienta el mito de la "persecución blanca" en Sudáfrica.
El expresidente estadounidense bromeó sobre el contacto entre ambos mandatarios: “Ramaphosa me llamó para pedir esta reunión. No sé de dónde sacó mi número”, dijo. También elogió a los golfistas sudafricanos: “Qué grupo de golfistas tienen. Debe ser el agua, ¿no?”, a lo que Ramaphosa respondió: “Sí, es el agua, señor”.
A pesar del tono por momentos cordial, Trump reforzó su postura: “No decidí si hay un genocidio en Sudáfrica, pero mucha gente se siente perseguida y por eso los recibimos”. Durante un acto anterior en la Casa Blanca, ya había asegurado que se estaba produciendo un genocidio. Desde su regreso a la presidencia en enero, suspendió la ayuda exterior a Sudáfrica y habilitó el ingreso de afrikáners como refugiados con acceso acelerado a la ciudadanía. El primer grupo llegó este mes, según una nota de The Wall Street Journal en la que narra el encuentro entre ambos mandatarios.
En paralelo, el secretario de Estado Marco Rubio se ausentó de una reunión del G-20 en Sudáfrica por lo que definió como “antiyanquismo” del gobierno de Pretoria. Trump aplicó aranceles recíprocos del 30% en abril, aunque luego los congeló por 90 días.
El cierre del encuentro sumó una cuota de sarcasmo. Un periodista preguntó a Trump sobre la donación de un avión Boeing de 400 millones de dólares por parte de Qatar. Ramaphosa comentó: “Lamento no tener un avión para darle”. Trump replicó: “Si su país ofreciera un avión a la Fuerza Aérea de EEUU, lo aceptaría”.