CRONICA

Cómo es la vida a bordo del rompehielos Almirante Irízar

Muchos de los tripulantes embarcan durante cuatro meses para la campaña antártica.- Particularidades de una nave que es una miniciudad 

Verónica Benaim

Enviada especial del Grupo Crónica 

 

Cómo empezar a relatar todo lo que se vive en el rompehielos Almirante Irízar. Desde que subimos el domingo por la tarde en Ushuaia no paro de impresionarme e incorporar conocimientos, navegando  por territorios que pensé que nunca iba a conocer o que no sabía de su existencia.

Cerca de las 16 embarcamos en el Irízar. Al alejarnos de la costa ushuaiense llegó un mensaje de la compañía de mi teléfono celular avisándome que el roaming se había activado: "Bienvenido a Chile", decía el mensaje. También me había cambiado el huso horario, pasamos a estar una hora atrasados. 

La marina es un mundo desconocido para mí desde la embarcación, las relaciones humanas entre tripulantes y la belleza del Atlántico Sur. En el buque más importante de su clase por operar en la Antártida somos en total 283 tripulantes. La mayoría está de regreso a casa, luego de haber estado 4 meses embarcados abocados en la campaña antártica. 

La organización que tienen y el respeto con el cual dirigen entre ellos, sorprende. Cada uno tiene su rol en este barco que es una mini ciudad y los horarios de desayuno, almuerzo, merienda y cena están bien establecidos. A las 20 cenamos. Un plato de fideos con estofado nos esperaba en el comedor. De postre durazno con dulce de leche. El comedor está al lado de la cocina y es amplio. Tiene una sala de estar con sillones una televisión con antena satelital y hasta una PlayStation.

 

Cómo es la vida a bordo del rompehielos Almirante Irízar
Uno de los salones comedor 

Al estar tanto tiempo en altamar la comida es a base de lata o alimentos no perecederos. En la cena intercambiamos charlas con muchos de los tripulantes. Arriba del Irízar hay médicos, ingenieros, cocineros, pilotos de helicópteros, contadores y hasta un cura. También uniformes de todos los colores dependiendo la fuerza a la que pertenecen:  mamelucos blancos, azules, verdes. La jerarquía en los cargos es fundamental. 

Todos esperan volver a sus casas. En la Armada hay más gente del NOA y en la fuerza aérea pertenecen al centro del país. En un rápido poroteo se podría decir que el 30% son porteños, un 20% de la zona de Punta Alta, Bahía Blanca, Mar del Plata y el resto de distintas provincias. 

Noche en altamar

 

Cómo es la vida a bordo del rompehielos Almirante Irízar
El comando de control 

Antes de acostarme a dormir, no pude evitar salir a cubierta a disfrutar de la noche. Pese a las bajas temperaturas sin ninguna interrupción de luz, la visión nocturna en el océano permite disfrutar del cielo explotado de estrellas. Una imagen muy difícil de captar con la lente de una cámara, pero que sin dudas quedará en mi memoria.

Dormí en el camarote 407 en la cubierta 04. La cama es muy cómoda aunque cuesta lograr el sueño cuando la embarcación está moviéndose de un lado a otro.
A las 7 de la mañana me despierto al escuchar por altavoz tres veces la palabra Diana. Y es que Diana era la trompeta que se utilizaba para levantar a la tropa. Cosas que uno va aprendiendo. Es momento del desayuno. De cargar energías para un día que estará lleno de emociones. 

Es 2 de mayo y después de 40 años estamos yendo por primera vez a la zona donde el ARA General Belgrano fue atacado por el submarino nuclear inglés HMS "Conqueror" en momentos en que navegaba a 35 millas al sur de la zona de exclusión determinada por Gran Bretaña alrededor de las Islas Malvinas.

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El ministro Jorge Taiana en diálogo con el Grupo Crónica 

 

En diálogo con Grupo Crónica, el ministro de Defensa Jorge Taiana comentó que hubo dos intentos de llegar hasta este lugar: uno aéreo y otro con barco, pero son zonas inhóspitas complejas para la navegación.

En el hundimiento de los 1.093 tripulantes que tenía a bordo, murieron 323, casi la mitad del total de muertos argentinos en la guerra; y unos 770 lograron sobrevivir en balsas inflables, pero debieron esperar varios días en el mar, con temperaturas bajo cero, para ser rescatados. Allí son recordados, con la emoción a flor de piel.

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