Lilita y el juego de la perinola para Cambiemos
De la misma forma que en 2019, Carrió debe analizar si quedarse o irse de Cambiemos para seguir defendiendo "la transparencia y la República", pero fortaleciendo a la oposición que siempre combatió
Llega el 1018 y junto a la reforma laboral, las paritarias, una economía con rumbo poco alentador y la necesidad de encontrar consensos, Cambiemos tiene un desafío extra: demostrar que es una coalición de gobierno y no solo una mera alianza electoral. Los socios de esta coalición están inquietos, vienen reclamando espacios que tengan relevancia en la toma decisiones y para qué ocultarlo, en el poder real. Hasta ahora se conformaron con poco.
Elisa Carrió vive, quizás, su mejor momento político, se sabe fundamental para sostener la variable de la transparencia que es indispensable para transmitir el valor "credibilidad" del gobierno. También se sabe escuchada y de tantas veces que ganó la pulseada, redobla la apuesta. Esta vez conminó al gobierno a que le entreguen la cabeza de Daniel Angelici.
El Presidente Mauricio Macri está entre la espada y la pared; entre su amigo, su alfil, Boca Juniors, y la posibilidad de dinamitar la alianza Cambiemos justo un año antes de una elección ejecutiva.
Carrió pide a la Justicia también la cabeza de Angelo Calcaterra, primo del presidente, y vuelve a ponerlo incómodo. Ella dice que está cuidando a Macri y a Cambiemos. Pero hay un límite temporal: los primeros meses de este año.
Claro que Carrió sabe que, de irse de Cambiemos, el riesgo del espacio para las elecciones del 2019 es alto y que sin quererlo estaría fortaleciendo a los opositores con los que más se enfrentó. Esto también la pone a ella misma entre la espada y la pared: seguir defendiendo la transparencia y la República o debilitar a Cambiemos y fortalecer a sectores de la oposición que siempre combatió.
Como en aquel viejo juego de la perinola habrá que ver si Lilita toma todo o deja todo.