El piano de Sylvie Courvoisier brilló en la Ciudad
Más allá de las fórmulas clásicas o atractivas para distintos públicos que suelen asumir las variantes del jazz actual, el Festival de Buenos Aires siempre apostó por darle una chance al riesgo. Así, llegaron a lo largo de los 11 años de vigencia de este evento, músicos que si bien se erigían como artistas de culto para un público sobreinformado, resultaban una sorpresa para la gran mayoría que se acercaba a los conciertos programados por Adrián Iaies, su director.
Repasemos sólo algunos pianistas que aterrizaron con su impronta vanguardista: Satoko Fujii, Agustí Fernández, Matthew Shipp y ahora Sylvie Courvoisier, la artista suiza que brilló en la edición del festival que acaba de concluir, tanto con su Trío DAgala como con su solo piano en las clásicas tardes del Salón Dorado del Teatro Colón. Es más que acertada esta decisión de programar músicos que trabajan con un lenguaje menos convencional o de experimentación: de otro modo, el público porteño casi no tendría oportunidad de acceder a sus propuestas musicales en vivo.
Porque, claro, verlos en acción no es igual a escucharlos en disco. La técnica de Courvoisier, su dominio del teclado y hasta el uso del canto de la mano para ampliar la gama de sonidos de manera precisa pero no acrobática- sólo es posible de advertir en el vivo.
Los dos shows de Courvoisier conformaron picos de expresividad del Festival de la Ciudad de este año, en una edición en la que no faltaron figuras, desde Norma Winstone y David Kikoski hasta Stefano di Battista, Gary Smulyan y Anat Cohen, por citar algunos visitantes internacionales.
Pero la irrupción de Courvoisier en la Usina del Arte junto a la poderosa base que integran el contrabajista Drew Gress y el baterista Kenny Wollensen, encendió a aquellos que esperaban buenas dosis de experimentación y amplió el panorama de quienes van a buscar a tientas alguna novedad expresiva. El trío DAgala luce afiatado, con espacios para la libre improvisación y con referencias de su líder Courvoisier a distintos estilos que suelen encuadrarse dentro de lo que se denomina jazz.
El trío lleva editados dos discos imprescindibles. DAgala, el último, en el sello Intakt y Double Windsor, de 2014, en Tzadik, el emprendimiento discográfico de John Zorn, un referente ineludible de la vanguardia neoyorquina. En esos trabajos, Couvoisier se desliza sobre influencias diversas, desde su padre pianista amateur, hasta la gran Geri Allen y también Simone Weil, aquella destacada filósofa francesa que sobrevivió al Holocausto y dejó intensos escritos políticos e históricos. Toda una declaración de principios para esta artista que, criada en Lausana, se mudó a Nueva York, donde forma parte del movimiento de jazz de vanguardia que tiene como epicentro al mítico club The Stone.
La intensidad de su show de piano solo, explorando el instrumento al interior, con pulsación de las cuerdas, algo de golpes (como los que no le permitieron antes a Agustí Fernández en el mismo lugar) y una entrega física arrolladora, convirtieron su visita en un hito de aquellos que los amantes del género atesorarán sin duda en la memoria.