La incipiente estabilidad ayuda en el frente político

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El INDEC informó que la inflación de junio estuvo en línea con lo anticipado desde el sector privado. Se registró una variación de 2,7% mensual, encadenando así la tercera baja consecutiva. En términos anuales, el ritmo de la inflación fue de 55,8%, retrocediendo un poco después del pico de mayo (57,4%). Lentamente, parece ir consolidándose un proceso de desinflación en el cual la estabilidad cambiaria juega un rol central.

Desde que el FMI habilitó la libre intervención, el tipo de cambio cayó 1,7% y se movió con muy baja volatilidad. La política monetaria está enfocada en minimizar las tensiones cambiarias, evitando que haya saltos disruptivos que se trasladen a precios y que marchiten los pocos brotes verdes que empiezan a verse (como sucedió en marzo). Si no hay sorpresas, la estrategia se mantendría sin cambios hasta las PASO. La reducción de la tasa de interés de referencia acompaña unas expectativas de inflación descendentes, con lo cual la tasa real (la verdadera señal del sesgo de la política monetaria) se mantiene positiva. Después de las primarias, el BCRA tendrá que evaluar si las urnas empujan a tomar nuevas medidas o si "equipo que gana no se toca".

Las estimaciones privadas de alta frecuencia apuntan a que la inflación estaría dentro del rango 2-2,5% mensual, lo que marcaría otra nueva desaceleración. Algo similar surge del relevamiento de mercado del BCRA, que proyecta un 2,5%. Un mercado cambiario que sigue, dentro de todo, tranquilo y la ausencia de grandes ajustes tarifarios ayudan a este resultado.

Hacia delante, las estimaciones de consenso marcan un camino descendente para la inflación mensual, con la tasa anual convergiendo al 40% hacia fines de año. Claro que este escenario resulta condicional a la situación electoral. Si las urnas arrojan un resultado adverso para el gobierno, el mercado cambiario se podría tensar y el BCRA tendría que intervenir activamente para evitar que el dólar se dispare y arrastre los precios. Desde la entidad consideran que tienen suficiente "poder de fuego" (reservas y posición en futuros) para contener las presiones cambiarias, aunque habrá que ver cómo utilizan las herramientas a su disposición.

El mercado se tranquilizó desde fines de abril, cuando se habilitó la libre intervención por parte del BCRA, poniéndole un freno a la suba del dólar y del riesgo país. Las tensiones financieras aflojaron incluso desde la confirmación de las candidaturas. Es cierto que el contexto externo fue relativamente favorable, pero consideramos que la dinámica reciente se explica, en gran medida, por los acontecimientos internos. No casualmente, en el mismo período repuntaran todos los indicadores de opinión pública.

Aprobación de gestión, confianza en el gobierno, expectativas económicas y hasta intención de voto por el oficialismo, todos ellos mostraron mejoras, reforzando la dinámica financiera positiva. Si no aparecen sorpresas, esta situación podría extenderse hasta las elecciones primarias, aunque habrá que ver si con fuerza suficiente como para que el oficialismo se imponga. Por ahora, el escenario electoral viene muy arejo entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. Con el resultado de las urnas ya se abrirá otra etapa, con la consiguiente respuesta de política económica.

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