Economía ecológica: producción y medio ambiente
Los procesos sustentables son mirados con atención, no sólo para ser amigables con el entorno sino para abrir oportunidades en el exterior
La economía ecológica es un paradigma que surge como un enfoque alternativo a la economía ambiental para dar una respuesta integral al análisis de los problemas surgidos en los procesos productivos. Desde el planteamiento de la economía ecológica se busca gestionar los recursos naturales para que no se ponga en riesgo su disponibilidad para el disfrute de las futuras generaciones.
En cuanto a los problemas ambientales generados por la actividad productiva, este paradigma analiza a la industria en su conjunto pero su objetivo principal no se limita al crecimiento económico ya que también comprende la justicia social y la sustentabilidad del ecosistema.
“La economía ecológica busca visibilizar todo lo que la economía tradicional no contabiliza o no venía contabilizando en términos de producción, crecimiento económico o el impacto que este genera. A modo de ejemplo, si se toma el cálculo tradicional del PBI de un país y se lo desmenuza nos encontramos con información sobre la producción de materias primas, o el avance de las mismas en las distintas cadenas de valor, pero no hay nada en relación a la cantidad de recursos naturales que utilizan en la producción o la contaminación que se genera.
Esto es una de las vetas a las que se aboca a contabilizar la economía ecológica”, indica Federico Wahlberg, economista y docente de Comercio Internacional y Ambiente de Universidad Nacional de Luján. Según indica el economista, esta visión intenta comprender la economía en términos de flujos de energía, tratando de visibilizar los ingresos y egresos de energía que hay en la sociedad, cómo se obtiene esa energía y cuanto se necesita para llevar a cabo la producción y agrega que en este aspecto las energías renovables juegan un rol muy importante. La economía ecológica intenta evidenciar una serie de costos ambientales, no porque estos se puedan pagar monetariamente, sino para exponer una serie de valores que entran en juego en la producción y que no se están teniendo en cuenta. En ese sentido si una industria contamina un determinado terreno, es necesario evaluar cuánto costaría la descontaminación de la tierra. De acuerdo a esta visión esto da un costo que debería ser incluido en el producto o servicio que la empresa ofrece.
Si bien existen una serie leyes ambientales y normativas que las empresas deben cumplir, el desarrollo industrial basado en criterios de sustentabilidad puede beneficiar a las empresas que por ejemplo desean abrirse camino hacia nuevos mercados. “Pensemos en el caso de Europa. Esta suele tener leyes más estrictas en términos ambientales e inclusos los consumidores están preocupados por obtener productos que hayan tenido algún tipo de validación en términos ambientales. Hay una serie de normas ISO, como la ISO 14.001 que certifica que la empresa productora realiza un tratamiento ambiental de su producción. Entonces la búsqueda de mejoras productivas también permite a las empresas mejorar las posibilidades de exportación” concluye el economista Wahlberg.
En cuanto a la cuestión energética en nuestro país existe una Ley, que aún no se reglamentó, que busca habilitar la instalación de paneles solares -de forma particular o desde las empresas- para que estos se conecten a la red de distribución de energía eléctrica nacional. Esto puede ser también de interés para las cooperativas eléctricas que se encuentran ubicadas a lo largo del país. Estas son alrededor de quinientas, están abocadas a la distribución, pero eventualmente podrían también dedicarse a la generación de energía solar. Esta es la Ley de Régimen de Fomento a la Generación Distribuida de Energía Renovable Integrada a la Red Eléctrica Pública y fue promulgada a fin de año pasado a través del decreto 1075/2017, publicado en el Boletín Oficial. La norma, aprobada por el Congreso el 30 de noviembre, permite que todos consumidores puedan ser también generadores. Esta ley abre una nueva oportunidad de negocio a las pymes que podrían dedicarse al responder la demanda de mercado, desde producir los paneles, instalarlos, venderlos, entre otras cuestiones.
“Desde el punto de vista económico todas las energías renovables deberían ser buenas oportunidades de negocio para las pymes. Si nos abocamos a las posibilidades urbanas de su uso, en la rama de la energía solar térmica -los calefones solares-, existen unas 15/16 compañías trabajando desde hace años. En la fotovoltaica la composición es distinta ya que nos encontramos con un ámbito integrado por proveedores locales e importadores de equipos”, comenta el ingeniero Alberto Anesini, especialista en energías renovables, actual miembro del Instituto para la Producción Popular (IPP) y ex coordinar del Programa de Tecnologías Renovables del INTI.
En cuanto a las ventajas de las energías renovables, se destaca en primer lugar la cuestión ecológica, ya que la mayoría de la energía que consumimos proviene de combustibles fósiles, líquidos o gaseosos y generan un impacto ambiental. En cambio el sol o el viento no contaminan. El otro punto está en la posibilidad de generar y distribuir, es decir, que cada uno pueda generar parte de la energía que consume.
“Hay muchas empresas que ya se equiparon con estas tecnologías para producir su propia energía. Como es el caso de una empresa textil en el partido de San Martin que utiliza mucha agua caliente en su proceso logró, con calefones solares generar, gran parte de esta energía que antes la tenía que obtener con gas. Hay otras empresas que tienen en sus techos generadores fotovoltaicos y producen parte de la energía que consumen. Hoy por hoy, como aun no ésta reglamentada la Ley, no la inyectan a la red pero la usan para su consumo propio”, explica Anesini del IPP.
Cercano a este universo tecnológico se encuentra la bioconstrucción entendida como una lógica de construcción que implica construir con materiales que tienen nulo proceso industrial, que se extraen en origen, no poseen agregados químicos y a cuyos materiales se les aplica un tratamiento de energía limpia (por ejemplo el adobe se extrae de la tierra, se moldea y se deja secar al aire libre y luego se utiliza para construir o la madera se corta, se seca al sol y luego se aplica a la construcción).
“Se lo llama bioconstrucción porque tiene que ver con procesos biológicos, con los ciclos de la naturaleza y con los materiales característicos de cada lugar. Este tipo de tecnología incentiva la construcción en términos locales, por eso excluye la importación y exportación de materiales pero busca generar la consciencia de que los materiales con los que construimos nos contienen como hogar, como espacio de trabajo, los vamos a respirar y a estar en contacto con ellos. Es por eso que cuando más acorde sean estos a los ciclos naturales, y menos impacten en la naturaleza, van a estar acompañando toda una revisión del sistema que implica cuidar el ambiente en el que vivimos”, explica Griselda Ricciardelli, arquitecta e investigadora y co fundadora del Centro de Capacitación, investigación y diseño en arquitecturas de tierra (Cidart).
Hay ventajas técnicas, sociales y ventajas ambientales. Las primeras tienen que ver con el hecho de que son técnicas muy sencillas que recuperan saberes ancestrales y le incorporan todo el conocimiento que aporta la ciencia desde organismos como el Conicet en Argentina o el Craterre en Francia. Esta unión permitió solucionar algunos inconvenientes de la construcción en barrio, como la estabilización de los revoques.
“Esto habilitó la incorporación de materiales muy nobles que tienen una calidad constructiva -y que impacta directamente en la durabilidad- y lograr un mantenimiento normal. Esta técnica no afecta al entorno porque son tecnologías que insumen un 5% de energía en relación a otras técnicas. Asimismo podes tener muchas ganancias en cuanto a la calefacción y acondicionamiento del lugar, utilizando las técnicas adecuadas y diseños bioclimáticos acorde a cada lugar, se pueden lograr ventajas amplias como no necesitar aire acondicionado en verano ni calefacción en invierno. Esto permite un ahorro energético” comenta Ricciardelli
En cuanto al mercado actual, actualmente comienzan a surgir algunos constructores formados en bioconstrucción pero existen muy pocos biocorralones (es decir no hay localmente espacios que vendan los materiales). Al mismo tiempo hay productores que están comenzando a hacer los bloques de tierra comprimida, pero a baja escala y son algunos casos aislados, como por ejemplo Hombres de Barro en Córdoba y Adobera Baires en Buenos Aires. Actualmente en Europa existen lugares que venden además paneles aislantes y mezcla para revoques.
A nivel jurisprudencia y normativas se lograron varios avances en materia de bioconstruicción. En la actualidad se ha avanzado en algunos reglamentos nacionales (Reglamento Inpres-Cirsoc 103), códigos, reglamentos de edificación, planificación zonificación, planeamiento urbanístico y algunas normas de edificación (cómo las Normas IRAM) y algunas ordenanzas a nivel municipal. Estas iniciativas le brindan a este tipo de construcciones un aval técnico y la posibilidad de avanzar en obras públicas como viviendas sociales (como ya se realizaron en Salta, San Juan y Jujuy), comedores o espacios de usos múltiples en universidades (Córdoba), entre otras.