El circuito de las ferias y los mercados porteños

Promueven una economía sustentable y permiten comprar productos más confiables y de estación. Cuándo, dónde y cómo funcionan y qué alimentos priorizar en esta época del año

María Florencia Pérez

El paradigma del consumo limpio, justo y sustentable, que hasta hace un tiempo parecía una utopía lejana o una excentricidad de países muy desarrollados, cada vez resuena más para un segmento de la población que se propone vivir a conciencia su participación en la economía y la vida social. Es el caso del consultor Facundo Bertranou, co-autor del libro Green Vivant (Editorial Planeta), una suerte de “guía verde” de urbanidad, que difunde esos valores: “El comercio justo tiene que ver con respetar a cada uno de los integrantes de la cadena productiva. El consumo limpio es aquel que prioriza bienes, servicios y productos que no dejan una huella ecológica negativa y es sustentable cuando éstos no comprometen la producción a futuro: por ejemplo, cuando elegimos compañías que saben reciclar sus propios desechos”, explica. Los países escandinavos, que están muy avanzados en el desarrollo energías limpias, están a la vanguardia en esta tendencia. Sin embargo, Bertranou subraya que es un error pensar que este modelo es un privilegio para ricos: “Todo lo contrario, los productos sustentables suelen ser mucho más baratos. Comprar alimentos frescos y saludables cuesta mucho menos que llenar un changuito de comida empaquetada e industrializada que además genera desecho porque tiene envases no reciclables. El problema en países como el nuestro es que no hay políticas gubernamentales para generar un cambio”, concluye. La buena noticia es que a pesar de esa ausencia del estado, los ciudadanos sí tenemos posibilidades de tomar decisiones favorables para el medio ambiente y el tejido social a la hora de hacer una tarea tan cotidiana como las compras diarias. En Buenos Aires proliferan espacios comerciales que nos invitan a participar del circuito económico de una forma alternativa a la tradicional. Es el caso del Mercado de Economía Solidaria Bonpland (www.facebook.com/mercadobonpland). En un galpón ubicado en pleno Palermo Hollywood, los martes, miércoles, viernes y sábados, confluyen varias cooperativas del interior del país y de capital que venden alimentos producidos de forma agroecológica. En la misma sintonía se encuentra la Feria del productor al consumidor, que tiene lugar todos los segundos sábados y domingos de cada mes en el predio de la Facultad de Agronomía (Av. San Martín 4453). Ambos se destacan los buenos precios de los alimentos y la posibilidad de tener un contacto sin intermediario con los productores, una conexión vital e infrecuente en otros ámbitos.

Elegidos por expertos

Una buena estrategia para descubrir las mejores ferias y mercados es seguir los pasos de los profesionales de la gastronomía, verdaderas autoridades en el arte de conseguir productos genuinos, confiables y de estación. Leandro Di Mare, chef y dueño del restaurante Inmigrante (www.inmigrante.com.ar), cuenta que todas las semanas compra sus alimentos de manera directa, frente al productor: “Todos deberíamos tomarnos un momento para esto. Entiendo que a veces es más el tiempo que habas, papas y maíces. “Me gusta porque puedo encontrar productos como en mi país, diferentes y de muy buena calidad y precio. En los puestos de los productos secos hay cosas maravillosas como frijoles, ajíes de diferentes formas, tamaños y sabores y especias. Recomiendo caminar mucho, no hay que casarse con el primer producto que uno encuentra porque a veces hay muchas calidades de una misma cosa. Hay que tocar todo y analizarlo bien”, sugiere.

Los tradicionales

En el mapa de las ferias y los mercados porteños hay dos clásicos impostergables: la Feria Modelo de Belgrano, conocida como el Mercado de Juramento (entre Ciudad de la Paz y Amenabar) y el Mercado del Progreso (Rivadavia 5430), en Caballito. El primero surgió en los años cincuenta pero fue remodelado el año pasado, está muy bien provisto y es ideal para ir en la semana porque es cuando menos gente lo frecuenta. El Mercado del Progreso está por cumplir 130 años y se distingue por su magia vintage. Denisse Querol, chef de Williamsburg Burger Bar (Armenia 1532) es habitué de ambos por razones opuestas: “En El Progreso me encuentro productos de antes, de la niñez como los higos en almíbar, la pescadería tradicional, la carnicería con carnicero de delantal blanco… Tienen todo lo que siempre busco: el pan recién hecho y las verdulerías con diversidad pero solo con productos de la temporada. En el caso del mercado de Belgrano, encuentro esos alimentos que no están en ningún lado, los orgánicos, los de productores pequeños o cooperativas que son naturales y me permiten pensar platos menos tradicionales y con una vuelta de rosca”, detalla. En El Progreso, recomienda pasar por la carnicería Nucho, el rey de la molleja, tanto por la calidad de sus cortes como por sus productos elaborados, también la pescadería La marina y la Boutique de la verdura. De la Feria Modelo de Belgrano destaca la dietética por sus frutos secos, semillas, hierbas, y especias ideales para abastecer la alacena de todo foodie o aspirante a chef.

Para pasar el día

Dentro del universo de las ferias y los mercados, hay propuestas que son salidas en sí mismas por sus dimensiones y las actividades recreativas que organizan. Sabe la tierra (www.sabelatierra.com) es una asociación civil que difunde el paradigma de la sustentabilidad a través de siete mercados que funcionan en distintos puntos de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires. Además de ser una excelente opción para proveerse alimentos saludables y orgánicos, organiza festivales con actividades como clases de cocina de estación o talleres de reciclado. Por ser una propuesta muy concurrida, Angie Ferrazzini, alma mater del proyecto recomienda: “Hacer un primer contacto a través de las redes sociales para ver qué productos se consiguen y programar qué comprar. Llevar un bolsa desde casa e ir temprano con para conseguir stock de productos frescos.

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