CINE

Hernán Roselli presentó en Cannes su filme Algo viejo, algo nuevo, algo prestado

Fernando E. Juan Lima

 

Desde Cannes 

@fejlima 

Porque allí apuntan los focos, y a veces por comodidad o pereza, la cobertura del Festival de Cannes suele concentrarse solo en la Competencia Oficial. Pero se ha dicho: no son pocos los años en los que lo más interesante y sorprendente sucede en la secciones paralelas. En la Quincena de los Cineastas, el argentino Hernán Rosselli presentó Algo viejo, algo nuevo, algo prestado, una de las obras más personales y desafiantes de todo el festival. Libération la definió como una "ficción a partir de los archivos de una familia, con los que el director argentino construye un filme nostálgico y pleno de humor sobre la economía paralela de su país". Les Inrockuptibles fue contundente: "reinventa el cine de gánsteres". Ya nos hemos referido aquí a esta historia de amor en la que descubrimos cómo funciona el negocio del juego clandestino. Que figure en el top five de esta edición del Festival de Cannes es un buen motivo para hablar con el director.

-Tu nueva película conjuga de alguna manera los universos de Mauro y Casa del Teatro, ¿cómo llegaste a esta historia?

-El proyecto nace cuando Maribel Felpeto (la actriz protagónica, con quien nos conocemos de una serie de teatros y bares que juntan un poco a los músicos, los artistas visuales y los cineastas de zona sur) me dice que tiene un material que su papá filmó durante muchos años, una caja llena de VHS y un día llevó varios a mi casa pasados a DVD. Vimos algunos, sobre todo los primeros, que serían de 1985 o 1986, cuando sus padres se pusieron de novios, y me impresionaron muchísimo. En principio reconocí la Buenos Ares de la vuelta de la democracia, con gente de clase media yendo a exposiciones en La Rural, al Italpark, al zoológico de Cutini. Todos elementos que asociaba con mi infancia filmados con detalle. Lo segundo que me llamó la atención es que había una idea de puesta en escena. Se trataba de una cámara semiprofesional con buena óptica y alguien que estaba "ejerciendo su oficio". No era alguien parado sosteniendo la cámara frente a algo sino Hugo filmando a Alejandra, de la que estaba completamente enamorado. Ella es muy magnética. Cuando veo ese material digo "bueno, con esto tenemos que hacer algo", aunque sin saber muy bien qué. Podría haber sido desde el videoclip de una banda indie hasta un documental más testimonial.

-Ficción, no ficción, found footage y rompecabezas que vamos descubriendo mientras vemos la película, te acercás a un mundo muy poco conocido para la mayoría de los que verán tu película, ¿cuánto te interesa la veracidad? ¿O sería mejor hablar de verosímil?

-En relación con el registro, hay algo que me interesa del verosímil. La idea de verdad siempre es entre muchas comillas, siempre es esquiva. Generalmente trabajo como lo hacen los cronistas. Argentina es un país muy virtuoso al respecto, hay una tradición de la crónica muy rica. En la película actúan Ricardo Ragendorfer, Palacios, Hebe Uhart... no sé. La crónica contiene un poco las huellas de su hechura. Entonces, uno puede rastrear ahí el propio proceso y el propio método. A mí me sirvió como escuela, en algún punto. Nunca escribo solo, generalmente trabajo entrevistando o tomándome un café o una cerveza con las personas. Para hacer esta película me encontré con Alejandra, con Maribel y con Hugo. Por separado, charlando sobre su vida, preguntando así, abiertamente, cuestiones sobre la intimidad. Después hay una investigación que es más policial, que tiene que ver con encontrarme con ex comisarios de la comisión contra el juego clandestino, fiscales y hasta pasadores. Y con todos esos relatos construí ese rompecabezas, que pone en tensión la intimidad con los problemas políticos más estructurales.

-¿Cómo fue el trabajo que hiciste con los protagonistas?

-El trabajo con los actores es lo que más me obsesiona. Trato que todo esté al servicio de que ellos se sientan cómodos. El cine tiene una gran capacidad para retratar la intimidad. Hay algo de voyeurismo cuando uno, como espectador, puede acceder a la intimidad de una persona o se le cuenta una historia como si se la estuviesen susurrando en el oído o mira escenas en las que parece ser testigo de algo que no podría haber sido testigo y se ve reflejado. Todo eso es muy difícil de representar. Uno puede ver las películas de ficción cómo esa intimidad muchas veces aparece un poco decorativa o forzada. Entonces, todo está un poco al servicio de que los actores se sientan cómodos. Todo. Desde la puesta en escena y la cámara hasta cómo está armado el plan de rodaje. Y la nómina de técnicos. Es muy difícil en el cine de ficción articular eso, porque insisto con mi postura de trabajar con muy poca gente y filmar a lo largo de mucho tiempo. Generalmente una o dos escenas por jornada, cosa que es un lujo. Uno que me puedo dar porque filmo con muy poco. También ensayo mucho y siempre estoy con la cámara.

Para esta película empezamos a ensayar desde el 2019 con Maribel Felpeto y con Leandro Menéndez. Ellos son como la pareja protagonista. Con ambos empecé ensayando todo un año antes de comenzar el rodaje, mientras estaba escribiendo. Y eso también me ayuda porque todas las escenas y las situaciones están escritas a medida de gente que conozco desde hace muchos años. Sé cómo se hablan Maribel y Alejandra, sé por dónde surgen los conflicto entre ellas, cómo es el humor de Alejandro, el de Leandro o el del mago (que actúa en la película y también actuó en Mauro). Con esos elementos de la personalidad de cada uno trato de generar escenas donde los potencio y los pongo en conflicto.

-¿Cómo fue hacer esta película? ¿Qué representa estar en Cannes?

-Difícil. Fue muy difícil para mí, más allá del momento que atraviesa el sector. Adaptarme al funcionamiento de la industria después del proceso que había hecho con Mauro, bastante caótico y errático, pero que me dio muchas satisfacciones. Tratar de replicar eso con un poco más de oficio y experiencia fue algo que me llevó cierto tiempo, diciendo cómo me voy a adaptar al fomento público, a la lógica de trabajar con productores, con un equipo técnico, por primera vez con un director de fotografía. Pero la verdad que este último año, a partir de diciembre, mientras nosotros estábamos terminando la película cuando asume Milei y el INCAA se paralizó completamente, así que tuvimos que salir a buscar financiación para toda la posproducción y para pagar los últimos gastos del rodaje. Fue una situación muy difícil, de incertidumbre total. Ya tengo un nuevo proyecto, en el que fui trabajando en paralelo, para filmar el año que viene y no tengo certezas de absolutamente nada. No sé si tenemos apoyo desde el exterior. Me da la sensación de que la situación es todavía más grave para los técnicos, ya que ahí hay una parte de la industria de cine que se va a resentir mucho, que va a tratar de trabajar para las películas de streaming. Pero la falta de trabajo va a terminar doblegando los mínimos que impone el sindicato, y eso que quizá de por sí generalmente están atrasados, y se empieza a romper todo un entramado social de pymes. En el festival se va a tratar de hacer una acción (N de la R: la manifestación se hizo en la playa de la Quincena) porque paradójicamente, a pesar de la situación y de los ataques, que son ideológicos, el cine argentino está en un momento excelente. El año pasado, con el estreno de Trenque Lauquen, Los delincuentes y un montón de películas más, nuestro cine dio cuenta de la diversidad y de la potencia que tiene.

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