CINE

Las comedias se lucieron en un Festival de Cannes que no eludió lo políticamente correcto pero eligió lo mejor

Premios y balance de la Competencia Oficial en la 77ª edición de la muestra

Fernando E. Juan Lima

Lo veníamos anunciando durante todo el festival: este ha sido un año en el cual la cantidad de comedias seleccionadas en la Competencia Oficial llamó la atención. Habitualmente es difícil encontrar más que una o eventualmente dos comedias (con todas las modulaciones del caso). Y este año, ya para la apertura con Deuxième acte, de Quentin Dupieux, se acudió a ese género.

En 2024 se ha producido una clara excepción a esa regla. La película francesa Emilia Pérez, de Jacques Audiard; Kinds of kindness, del griego Yorgos; The substance, de la francesa Coralie Fargeat (con Demi Moore en el papel principal); The apprentice, de Ali Abbasi (que hace foco en la juventud de Donald Trump); Marcello Mio, de Christophe honoré, y Anora, de Sean Baker, claro está, son comedias. Más o menos agridulces, más o menos política, irónicas o románticas. Pero comedias, sin dudas. Sin acudir a vericuetos ni a circunloquios para justificar lo dicho, al menos todas las citadas encuadran en el género (con mayor esfuerzo argumentativo se podría ampliar la lista).

¿Será esta la respuesta del Festival de Cannes a la difícil presente de nuestro planeta? Desde antes de su comienzo se pretendía un festival "sin polémicas", se proponía dejar que las películas hablaran por sí mismas. Lejos del escapismo (los géneros muchas veces tienen más filo para poner el foco en un tema ríspido que las películas de denuncia), sí está claro que el festival ha decidido dar algo más de lugar a la sonrisa y hasta el humanismo (la ganadora de la Palma de Oro, así lo demuestra), controlándose un poco en la tendencia a un cine más cercano a la crueldad, con menos empatía que tanto parece atraerle.

El jurado de la 77ª edición hizo justicia en el marco de una selección tan extensa (22 filmes) como bastante mediocre. Dos de las mejores tres películas del festival se llevaron premios importantes (la gran ignorada, la profunda y mágica Caught by tides, de Jia Zhang-ke). Es para destacar la claridad de la decisión que supo resistir la presión del momento. Supo plantarse frente a circunstancias extra-cinematográficas (la realidad en Irán, el exilio del director hace poco más de una semana) que pusieron en un lugar de enorme expectativa a la película de Mohammad Rassoulof, The seed of the sacred tree. Esta destaca por su valentía y tiene motivos de interés muy centrados en nuestro presente, pero también posee problemas de guión importantes y un subrayado que, por más que se compartan las ideas que enuncia, afecta mucho la obra. El Premio Especial del Jurado es una buena decisión, se otorga, justamente, en virtud de las particulares circunstancias. El acento, justamente, se pone en su coraje y valentía.

El premio al mejor guión fue para The substance, de Coralie Fargeat, una película que juega al exceso en el terreno del body horror tanto para generar un efecto cómico como para construir un muy contundente discurso sobre el lugar de las mujeres en la sociedad actual. Lo dicho, terror y comedia suelen ser más filosos y efectivos que la reiteración de discursos y cantinelas.

El Festival de Cannes sigue distinguiendo por géneros los premios a la interpretación (Mar del Plata y Berlín, por ejemplo, hace tiempo que no lo hacen). El premio a la mejor actriz esta vez fue colectivo y recayó en el conjunto de actrices de Emilia Pérez, de Jacques Audiard (Selena Gómez, Zoe Saldaña, Adriana Paz y la actriz trans Karla Sofía Gascón, única que estaba en la ceremonia). Por su parte, el premio para la mejor interpretación masculina fue para Jesse Plemons, el actor principal de Kinds of kindness (en la que también trabajan Willem Dafoe y Emma Stone).

El premio al mejor director fue presentado por Wim Wenders. El director de Paris, Texas (exhibida en la sección Cannes Classics en una nueva copia 4K), jugó con el suspenso, diciendo que no sabía para quién iría, alternando masculino y femenino en su discurso para no cerrar ninguna puerta, pero -por lo que decía sobre el/la realizador/a- estaba claro que sí estaba al tanto y que, con razón, admira (y mucho) al portugués Miguel Gomes, para quien fue el galardón. La película que aquí presentó, Grand Tour, está posiblemente un escalón por debajo de la hermosa Tabú, pero estamos hablando de un verdadero autor, que mira el cine (y el mundo) como ningún otro (por más que el que mencionara a Oliveira y Monteiro en su agradecimiento, habla a las claras de sus raíces). Su originalidad y vuelo poético son únicos.

El premio del jurado fue para Emilia Pérez, mientras que el gran premio se le otorgó a All we imagine as light, de Payal Kapadia. La primera, una comedia musical que hace foco en la violencia narco y las desapariciones en México, sorprendió a todos por su desparpajo y libertad. Solo enunciar el tema da cuenta de que todo parecía preanunciar el desastre. Y, sin ser de los mayores defensores de la película, lo cierto es que funciona en gran medida sobre todo si se toma en cuenta de a todo lo que se atreve (el protagonista, un jefe narco, cambia de sexo y, como mujer, crea una ONG para investigar las desapariciones que él mismo ordenó o produjo). Por su parte, la película india es mucho menos lograda que la anterior de la directora A night of knowing nothing, pero su deriva que hace foco en tres personajes femeninos (tres enfermeras de un hospital público) está por encima de la media de una edición con unas cuantas películas mediocres. Hacía treinta años, además, que no había una película india en la Competencia Oficial.

La Palma de Oro esta vez hizo justicia. Anora, de Sean Baker, había fascinado a gran parte de la crítica (esa parte que entiende que puede retratarse la vida de una bailarina erótica y escort sin necesidad de justificar, explicar, poner en contexto, bajar línea). Como bien señaló la presidente del jurado Greta Gerwig, se trata de una película "humana y humanista". Lo que dijo sobre la reacción del jurado frente a la película es tan hermoso como pertinente y ajustado a la realidad: "Nos hizo reír, nos dio esperanza más allá de toda esperanza y luego nos rompió el corazón, sin perder nunca de vista la verdad".

El director de las hermosas Starlet, Tangerine y The Florida Project sabe acercarse a mundos algo oscuros y hasta sórdidos, pero su mirada es la del cariño, respeta a las criaturas que retrata (ni las edulcora, ni las subestima). Ese correrse de los pretendidos mandatos de la moral inquieta y hasta espanta a muchos. Pero justamente eso es lo que justifica este sensible e inteligente galardón. Premiar una comedia (efectivamente lo es: el público se rió a carcajadas durante toda la proyección) que no teme a los cuerpos ni a las escenas de sexo y acompañar a un director que dedicó su distinción a "todas las trabajadoras sexuales; pasadas, presentes y futuras" es algo para destacar.

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