El cine en Japón vuelve a crecer gracias al animé

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Mientras China tiene un rebote extraordinario en la asistencia a los cines, algo similar pasa en Japón, donde una película animada logró recaudar en tres semanas u$ 151 millones, algo impensable hoy en los Estados Unidos, aún por cantidad de salas el mercado más grande del negocio. El filme que lo logró es Demon Slayer, un animé basado en un muy popular manga sobre un joven que se convierte en verdugo de demonios tras el asesinato de su familia y el rapto de su hermana. 

La película se estrenó en solo 403 salas (una cifra que, en la Argentina, sería más o menos normal para un "tanque") y batió un récord: cruzar la barrera de los u$ 100 millones en diez días, algo inédito en Japón. Es, además, casi la película que más dinero recaudó en formato IMAX (se lanzó en 38 pantallas de grandes dimensiones), solo detrás de Bohemian Rhapsody, a la que seguramente supere en los próximos días.

No es extraño que un animé, casi por sí solo, haya reanimado la taquilla japonesa. El cine en gran formato se ha transformado, con el correr de las últimas dos décadas, en un espectáculo especialmente diseñado para niños y adolescentes (aunque esta es una película para la segunda categoría). La combinación de un universo de enorme difusión y éxito (no solo la historieta, sino también una serie que en los EE.UU. forma parte de las grillas de Hulu y Netflix) y el formato inmersivo alcanzan para vencer, al menos en Japón, el miedo a volver a las salas. Que, como es obvio, no abunda entre los más jóvenes.

Es probable entonces que esto se vuelva una tendencia mucho más generalizada. El cine de gran presupuesto, se dijo, "ya es" adolescente. Quizás lo sea más de aquí en adelante y lo que fue una tendencia del mercado se vuelva su columna vertebral. Los adolescentes son los que consumen snacks y merchandising, que es de lo que vive realmente la exhibición. Y, también como se dijo, temen poco al virus (y no son grupo de riesgo). Lo que sucede en Japón hoy es una prueba de que, también, son los primeros que van a explotar el mercado del ocio: la cuestión es que el negocio funcione.

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